Search This Blog

Translate

خلفيات وصور / wallpapers and pictures images / fond d'écran photos galerie / fondos de pantalla en i

Buscar este blog

PopAds.net - The Best Popunder Adnetwork

11/23/22

Yo soy tu candidato: Romántica y apasionante historia de amor parte 03

 


Le desabrocho los vaqueros y el levanta las caderas para que se los baje. Ahora está en bóxer,

sentado y yo de rodillas. Sé que he sucumbido a él.

Se inclina hacia mí y toma mi cabeza besándome. Siento su sabor y me encanta. Me entrego

completamente a su boca. Me besa la frente y se reincorpora. Fija su mirada oscura y lasciva sobre

mí, y lo sé, quiere que le toque. Deslizo mis manos por sus muslos definidos y velludos hasta llegar a

su dura entrepierna. Le acaricio sin dejar de mirarle. Noto su respiración alterada.

Le retiro los bóxers y su miembro erecto aparece irresistible y erguido. Se me seca la boca. Quiero

besarlo, conocer su sabor. Sebasthian me mira expectante y deseoso. Como nunca, ansío complacerle,

me reclino y comienzo a saborear toda su virilidad.

El cierra sus ojos y comienza a jadear entregado por completo a mis caricias.

Cierro los ojos y me deleito en su sabor salado, su tacto en mi boca empujando suavemente y subo

y bajo la cabeza, besándole, absorbiéndole, adorando esa parte de su anatomía que aún no había

saboreado...

—Oh...bebé...Mmm—dice él y acaricia mi cabello con sutileza.

Estoy entregada a ese delicioso beso, siento mi propia humedad empaparme. Esto me está

calentado. Me están encendiendo sus jadeos y gemidos, sus palabras vacilantes. Adoro complacerle.

Me encanta seducirlo y enloquecerlo, como él lo hace conmigo. Me siento Afrodita.

Mi boca toma el control. Disfruto. Realmente disfruto lo que estoy haciendo hasta el punto de que

podría venirme allí mismo de rodillas ante él.

—Oh...me vengo...—Sebasthian trata de apartarme pero yo quiero mi premio, quiero su esencia en

mí, ansío probarla. Le aprieto el trasero atrayéndole a mí, y en lo profundo siento su húmeda y salada

tibieza dentro de mi boca. Lo logré tengo mi premio.

Cuando levanto mi mirada, está jadeante, sudoroso y muy agradecido.

—Uff... eso fue...—no se lo cree.

Sonrío y me humedezco los labios.

—Ven acá—me hala hacia él hasta recostarme a su lado, él desnudo y yo con mi vestido.

Une sus labios a los míos y compartimos su esencia en la danza de nuestras lenguas—parece

gustarle porque me estrecha aún más contra su pecho—siento su mano acariciando mis muslos y

llegar hasta mi mojada entrepierna.

—Mmm...Cómo que te gustó.

—Sabes muy bien.

Desliza dos dedos dentro de mí sin dejar de verme, está a mi lado descansando su cabeza en una

mano mientras la otra...

—Tú sabes mejor. Prueba—chupo los mismos dedos que tenía en otra parte de mi anatomía, los

saca y los pasea por mis labios empapándoles de mi esencia. Con prontitud siento sus labios

posesivos de nuevo en los míos, arrebatándome mi sabor, y sus dedos otra vez entrando en mí, en mi

sexo. Establece un ritmo de penetración manual. Y yo simplemente... Siento... Y siento...siento...

Ansiaba su contacto.

—Me encanta que estés toda mojadita.

Ahora soy yo la que está perdida, sudorosa y jadeante. Abro los ojos aún sumergida en ese

remolino de lujuria y con ojos velados veo a Sebasthian verme. Su mirada quema. Sus manos son la

pólvora y yo la mecha...Pronto explotaré, lo sé, aunque quisiera estar así en esa tortura erótica mucho

más, si es pecado estoy perdida...

Miércoles 21 de Enero

“Con el látigo del desprecio"

Me encuentro con Cata en mi apartamento viendo la tele, pero mi cabeza está en otra parte, con mi

sexy político. Estoy realmente extrañada del silencio de Sebasthian, generalmente es muy insistente

pero hoy no me ha enviado ni un mísero mensaje siquiera... Y eso no me está gustando. Después de

confesarme su amor y que me le ofrecí en bandeja de plata ayer. Silencio. Son las siete y treinta de la

noche y mi celular nada que me da noticias de él.

—Sabes que él te quiere ¿no?—me dice Cata.

Obvio que notó que algo me pasa.

—Así me dijo.

— ¿Qué? ¿No le crees?

—No sé, no quiero pensar en eso ¿sí?

—Por favor Issa, ¿por qué te haces esto? si no arriesgas lo puedes perder todo. Mira, siempre me

estás dando consejos de que me cuide y yo sé que hemos pasado por momentos difíciles y todo eso, y

es duro confiar y entregarse. Pero solo siendo vulnerable, mostrándote como eres puedes disfrutar

del amor. Sino quedas vacía y hueca.

»Sinceramente no cambiaría ninguno de mis momentos románticos, así hayan sido fugaces, me he

sentido feliz—Me regala su linda sonrisa y sus ojos café poseen un brillo—. Tú tienes algo real,

créeme. Te conozco. No lo pierdas. Los hombres parecen fuertes pero no lo son. Solo son niños que

necesitan cariño. Así que te pregunto ¿qué vas a hacer ahora?

Ahora mismo la cabeza me da vueltas con todo lo que ella me acaba de contar.

—Estoy asustada—admito

—Lo sé y él también.

—¿Cómo?

—Hablé con él. Tenía que ayudarte, no quería que lo estropearas todo.

—¿Cuándo hiciste eso? ¿Estás loca? ¿Qué le dijiste?

— ¿Por qué no le preguntas tú? no me mires así. Tienes a ese hombre herido ¿no te das cuenta?

—Lo sé—murmuro mientras me muerdo la uña del pulgar y mi mente comienza a cavilar.

¿Herir a Sebasthian? la sola idea me provoca una punzada en el corazón. A ese hombre tan

maravilloso, dulce y apasionado. ¿Eso es lo que le provoca a él mi alejamiento emocional o físico?

No cabe duda de que Sebasthian es un hombre tremendamente tenaz, persuasivo e inteligente y

condenadamente perseverante, de no ser así no hubiera llegado tan lejos conmigo. Le admiro

profundamente. Nunca me había permitido acercarme a alguien, pero él ha empujado mis barreras

una a una.

De repente solo quiero correr a sus brazos, escuchar su voz, atarlo a mí. Marco su número

mientras me dirijo al cuarto para hablar con más privacidad, al segundo repique contesta.

—Hola, ¿qué pasa? ¿Estás bien?—evidentemente lo he sorprendido con mi llamada.

—Sí. ¿Estás ocupado?—susurro un poco entre

—Sí. ¿Estás ocupado?—susurro un poco entrecortada.

Te quiero ver… ¡Ahora!

Siento que mi corazón late a toda prisa.

—Sí. Espera un momento…—creo que tapa la bocina del teléfono porque no se oye nada por unos

segundos. Jugueteo con mi cabello—. Lo siento estoy reunido…

—Ven a buscarme—digo impulsiva. Me importa un carajo si está ocupado.

—¿Por qué? ¿Te ha pasado algo?—ahora suena preocupado.

—No, Sebasthian.

— ¿Y entonces?

Las palabras salen disparadas de mi boca.

—Entonces qué. Quiero verte.

Se queda mudo en lo que me ha parecido una eternidad. ¿Será que se le cortó la llamada?

— ¿Ah sí?—al fin contesta.

—Sí.

Suspira.

—Clarissa, no creo que pueda desocuparme temprano…

Ahora soy yo la muda ¿será que no fue buena idea llamarlo? Las dudas mis eternas compañeras me

hacen muecas de burla. Ahora es él el que no te quiere ver. Tonta le has cansado… Humillada le

cuelgo. De inmediato repica una, dos y tres veces. Me niego a contestarle. Estoy apenada.

Me llega un mensaje:

POLÍTICO SEXY: CONTESTA CLARISSA.

Vuelve a repicar y decido contestarle con cierto recelo.

—Aló.

—Cielo, estoy reunido con los miembros del partido, pero si te parece puedo ir en dos horas. ¿Aún

querrás verme? Porque yo siempre quiero hacerlo—me quedo callada—. Dime.

—Discúlpame. No debí importunarte. Olvídalo.

—Oh no Clarissa, no te vas a echar para atrás. Te paso buscando en dos horas y te haces una buena

maleta de tus cosas. Ya está bueno de tantos rodeos. ¿Entendido?

¡Sí Señor!

—Está bien.

—Y que sea la última vez, Clarissa, que me cuelgas el teléfono. Eso me saca de quicio.

Por algún loco motivo me encanta cuando me pone en los palitos. Lo hace ver como todo un

macho... Mmm…sexy...

—Sí—susurro sintiéndome de repente una frágil y delicada flor del desierto.

Suspira.

—Me va costar un mundo concentrarme ahora... Nos vemos al rato…

****

El trayecto en coche se hace de lo más silencioso, Sebasthian está envía que te envía mensajes, me

imagino que a sus colegas. Lleva la corbata desanudada y los dos botones de la camisa sueltos y lo

hace ver más arrebatador de ser posible eso. Como ha estado distraído me lo meriendo con los ojos.

****

—Déjame darme una ducha para quitarme todo el peso del día...—dice él. Ambos de pie en la sala

de su apartamento.

—¿Tienes hambre?—le tomo de la corbata y lo halo hacia mí con suavidad, ansío su cercanía.

Pone sus manos en mis caderas.

—Sí, mucha. En el refrigerador hay comida congelada, Carmen me trae algunos platillos, cocina

realmente bien—me da un besito en la boca.

—Puedo calentarte algo—y no estoy pensando precisamente en comida. Ladeo la cabeza ondeando

mi melena con un sutil flirteo.

Entorna los ojos y su mirada cambia. Creo que va a tomarme de nuevo sobre el mesón de la

cocina. Sacude la cabeza negando. Toma su corbata retirándola de mi agarre con una media sonrisa.

—Calienta algo para los dos. Estás en tu casa, ya vuelvo.

¡Carajo! tenía ganas de que me lo hiciera en el mesón...

Preparo la comida mientras Sebasthian se refresca. Tiene varios envases de comida casera

congelada pero también algo de frutas, vegetales y verduras, un refrigerador bastante decente para

ser el de un soltero. Pronto llega y se sienta a mi lado y comemos en silencio. Me cuesta apartar mis

ojos de él, así como está, usando solo el pantalón del pijama, me apetece muchísimo. Sin embargo lo

noto distraído y bastante parco al hablar. Lo que sea no me lo quiere contar, eso es evidente. Luego

nos dirigimos a su habitación y él apaga las luces principales y estira el cobertor.

—¿Qué haces?—que no me estás acariciando ahora.

—Nada, vamos a dormir.

¿En serio Sebasthian, me trajiste para eso?

—Ah...—…vaya perdí mi viaje

—¿Qué?—pregunta.

Me acerco y poso mis manos en su torso velludo… ¡Ay Dios! ¡Eres todo un papacito!

—Quiero que me mimes. Te dejaré hacerlo. Solo te pido paciencia—me atrevo a pedirle por lo

bajo.

Resopla y sonríe irónico.

—Creo que la he tenido. Te diré qué, Clarissa. Ahorita mismo no estoy de ánimos para cursilerías

—me tiene tomada de la cintura, con ambas manos. Aprieta su agarre.

Se le ve muy serio.

Trago saliva.

¿A qué se refiere? ¿Está enojado conmigo? ¿Por qué? por eso ha estado extraño y un poco

distante…

—¿A qué te refieres?

Tiene una mirada que no le había visto, una mirada nueva, muy lasciva.

¿Por qué estoy tan nerviosa?

Otra vez me siento como la delicada flor del desierto.

—Me refiero—susurra lamiéndome desde la quijada hasta el lóbulo de la oreja y mordisqueándolo

—, a que te voy a coger bien duro a ver si te dejas de jugar conmigo—doy un respingo.

Mierda. Está enojado.

Sin darme chance a replica me devora con un beso implacable, invasivo y doblegador. Me tiemblan

las piernas. Me empuja contra la pared y me embiste violentamente, ambos aún con ropa. Con sus

manos aferradas a mis caderas controla sus sacudidas salvajes y enardecidas. Este ataque me está

poniendo a mil. Nunca había sido así de rudo conmigo. Hinca sus dientes en mi cuello.

— ¡Ay!

—Sí quiero que grites—su voz plagada de deseo.

Sus manos suben y bajan por mi cuerpo, clavándose en mí. Siento oleadas de un deseo oscuro en

mi vientre. Gimo. Jadeo y sacudo mi cabeza alterada por su ataque sexual. Vuelve a devorarme con la

boca y mi lengua grácil lo recibe, él muerde y lame mis labios con un desespero desquiciante. Baja

sus manos y prácticamente me arranca las bragas y las tira con desprecio. Luego me hala y me tira en

la cama con igual desprecio. Me devora con la mirada, estoy tumbada en la cama con el vestido en las

caderas mostrando mi sexo claramente. Estoy lista para recibirle. Todo esto me ha resultado

tremendamente sexy...

—Voltéate—ordena y obedezco de inmediato.

Me toma fuerte de la cintura, tira de mí hasta que quedo casi al borde de la cama. Me arranca el

vestido. Levanta mis caderas y empuja suavemente mi espalda hasta que mi cabeza reposa en la cama.

Pasea su mano por mi espalda desnuda.

—Quédate así—susurra en mi oído y comienza a lamerme desde allí hasta llegar a la abertura de

mi trasero...me retuerzo cual contorsionista. Toma mis tobillos y abre bien mis piernas. Acto seguido

me penetra bruscamente.

—Ah—grito sorprendida.

Comienza su contoneo haciendo círculos con sus caderas, saliendo y entrado en mí. Llenándome

hasta lo más profundo. Sus dedos enterrados en mis caderas, los míos, enterrados en las sábanas.

—Quiero que me digas que te gusto—me exige. Pero tengo la mente nublada por esas locas

sensaciones que me ha provocado su ataque—. Dímelo—y vuelve a acometerme con brusquedad.

—Ay...—chillo

—Dímelo Clarissa—su voz suena ronca e impregnada de desespero, con una mano me hala el

cabello mientras la otra mantiene el ritmo de mis caderas. Vuelve hacer círculos dilatando el húmedo

y tibio vértice de mi femineidad, sale y me embiste de nuevo con violencia, siento como si me

atravesara una lanza ardiente e implacable

—Oh...si… sí me gustas...muucho—no puedo controlar lo que digo estoy tan inflamada que creo

que voy a explotar en cualquier momento. El corazón se me va a salir por la boca.

Me suelta el cabello. Y siento su dedo acariciándome ahí. En la hendidura de mi trasero sin aplacar

sus embestidas salvajes.

—Qué...no— logro quejarme entre jadeos.

Aprieta su agarre sobre mi cadera para evitar que me mueva.

—Quédate quieta—desliza el pulgar lentamente dentro mío. Justo ahí, poco a poco, haciendo

círculos y metiéndolo y sacándolo con suavidad. Y yo siento...siento...siento…

—Oohh...oooohh...—ronroneo como loca y brota directamente del foco de mi deseo.

—Síii—continúa desquiciándome con sus toscas acometidas y su íntima intrusión con su dedo.

Estoy colmada, caliente y húmeda como nunca. Veo luces con mis ojos cerrados y mi cuerpo toma el

control de mí sacudiendo mi pelvis frenéticamente a su encuentro. Me lo estoy devorando todo con

igual desespero.

—¿Me extrañaste verdad?—dice entre gruñidos.

Lloriqueo.

—¿Me extrañaste Clarissa?—su respiración trabajosa como la mía.

—Sí—digo con un hilo de voz

—¡Que me lo digas!

—Te extrañe... ¡Ay!... te extrañé—chillo desesperada culminándome finalmente y vibrando en mi

interior, inmediatamente siento su liberación.

Yacemos en la cama, cubiertos a medias por las sabanas, me rodea con sus brazos mientras mi

cabeza descansa sobre su hermoso torso.

—¿Estás enojado?...fuiste muy rudo conmigo—digo con suavidad.

Estoy realmente adolorida.

—Te lo dije, no me gusta que jueguen conmigo. Vas y me llamas, me incitas, diciéndome que

quieres verme y luego me cuelgas y no me contestas. No sé con qué clase de tipejos salías antes pero

a mí me respetas. Yo soy un hombre no un carajito. Si quieres verme, quieres verme, y si no, no me

llames. Yo no estoy para perder mi tiempo.

—Lo siento.

—Espero que sí y que no vuelvas a hacer esa mierda.

Aún está molesto. Mierda. Cualquiera diría que con todo ese sexo salvaje hubiera sacado su ira.

Vagamente me pregunto si no estará preocupado por algo más que una chiquilla caprichosa que no

sabe lo que quiere.

— ¿Solo estás molesto conmigo o te preocupa algo más?

—Algo más—contesta sin vacilar

—¿Te gustaría contármelo?— jugueteo con el vello de su pecho.

Me mira extrañado. Como si le hubiese hablado en chino.

—¿Qué?

—Estás muy complaciente hoy.

—Oh, no te gusta.

Me observa pensativo.

—Mi equipo y yo estamos buscando recursos para mi campaña. Y han estado rodando rumores de

que yo obtengo fondos del narcotráfico. Esa es una campaña de desprestigio y hoy me enteré quien la

está orquestando—acaricia mi pierna desnuda.

Se me encoge el corazón su candidatura podría estar en peligro solo por ese rumor.

—Continúa.

—Ahora no solo debo lidiar con la creencia de que soy un burgués sino que también debo limpiar

mi nombre. Como quisiera darle una paliza a ese huevón. Sé que solo lo hace por el poder y el

dinero, quizá, deba devolverle la pelota—dice como para sí.

—¿Y eso que implicaría?

—Bueno, devolverle su mierda. Voltear las cámaras hacia él. Podría hacerlo. Sin exponerme, claro.

Sí, tengo unas cuantas pruebas de sus desfalcos, creo que es el momento de hacerlo público—la

malicia brilla en sus ojos. Le acaricio la mejilla encantada, me gusta mucho su perfil.

—Pero lo que realmente me preocupa es que la gente común me asocie con el narco, eso pondría

en tela de juicio mi integridad y por ende mi popularidad. Y si te soy sincero no me agrada para nada

la competencia, si llegasen a ganar este país se iría a la mierda.

Continúa hablando sin dejarme de acariciar y es como una catarsis para él.

—Para algunos este es un juego de poder. Que lo es por supuesto. Pero también es una oportunidad

de brindar oportunidades. Me duele mucho todo lo que ha pasado estos últimos años con nuestros

recursos, Clarissa, no tienes ni idea del caldero de corrupción que existe. Es una vulgaridad. Tienes

que ser muy astuto para estar en el ruedo. Así que en eso estoy Clarissa eso es lo que me pasa.

Lo observo embrujada. Este hombre es tremendamente interesante. Tiene un lado muy humano y

colectivo y a la vez es astuto como un zorro. No puedo resistirme a él. Mi mano traviesa ha vagado

por su cuerpo y casi ha llegado a la entrepierna cuando la retiene con la suya, con fuerza.

—No—dice y subo mi mirada hacia él. Está muy serio—. Sé que te he lastimado. Fui muy bruto

contigo. Debemos abstenernos mientras te recuperas.

A pesar de lo que dice está claro que no se arrepiente de ello. Así que Sebasthian también puede ser

un salvaje y un vengativo. Entonces ¿por qué me siento tan cómoda con él? ¿Por qué no me quiero

ir?

—Eres una persona autoritaria, lo sabías— le regalo una media sonrisa parecida a las suya

mientras le rasco el mentón con las uñas. Estoy hipnotizada con él. Me gusta tocarlo.

—No es así. Sé lo que quiero y voy por ello.

Acaricia en detalle mi rostro con sus hermosos ojos profundos. Suspiro. En mi vida me había

sentido tan femenina como ahora, en su cama, en sus brazos, en su mirada.

—Por cierto, estoy encantado de que estés aquí—suspira—. No me lo creo, me parece que estoy en

un sueño.

Me arropa con su cuerpo descansando sobre sus codos y se le ve de un humor genial. Me besa

largo y tendido con una delicadeza que contrasta drásticamente con nuestro encuentro carnal anterior.

—Te quiero—susurra.

Le miro y me parece dulce y vulnerable. Enlazados mis ojos a los suyos, sinceros y embrujantes, le

acaricio la mejilla y lo beso. Quizá pueda expresarle lo que siento con mi boca como él lo hace con

sus palabras. Sebasthian siento...siento...tengo su rostro tomado entre mis manos y muevo mis labios

entregándole toma mi dulzura… todo lo que soy...

Oh...querido...

Nos separamos.

—Voy a empezar a creer que me estás tomando cariño—dice juguetón.

—Sí—susurro y es casi inaudible mi voz.

Noto un brillo de esperanza en su mirada.

Jueves 22 de Enero

“Todo queda en familia...Pero si te vas pierdes bebé"

—Buenos días, soy Clarissa Spillman, vengo en solicitud de la Señora Celeste de Agostini.

—Un momento por favor—me dice la chica rubia de labios rosa mientras anuncia mi llegada por

el intercomunicador.

Estoy en la recepción de las empresas de la familia de Sebasthian P&A Venezuela

—Hola Clarissa, que bueno que pudiste venir.

Me sorprende con un cálido abrazo.

—Hola Celeste, gracias por la invitación, aunque estoy un poco intrigada.

Sonríe y se le hacen unos lindos hoyuelos en sus mejillas.

—Tranquila, queríamos invitarte a que conocieras nuestra empresa. Como sabes, toda la familia

trabaja aquí. Vamos, te llevaré a mi departamento. Por cierto, me gusta tu vestido y llámame Cielo

como todos.

—Gracias.

—Estoy encantada de que estés con Mica. Está prendado a ti, sabes. Hacía tiempo que no le veía tan

entusiasmado.

— ¿Ni con ninguna de sus otras novias?—digo sin pensar mientras mi vista se pasea por los

alrededores de la empresa. Celeste se para en seco y me mira como si yo fuera un extraterrestre.

—Mica solo tuvo una novia antes de ti...y eso fue hace mucho.

¿En serio? ¿Una?

—Ah… ¿y qué pasó?

—No le fue bien. Lleva 5 años sin presentarnos a otra novia. Habrá tenido sus travesuras por ahí, tú

sabes, las mujeres lo persiguen y no es para menos. Mi hermano es todo un bombón ¿verdad?

—Sí—admito un poco avergonzada. Es todo un bombón…y está para comérselo.

—Imagínate nuestra alegría cuando te conocimos. Además nos caíste bien a todos.

—Gracias.

—Seguro ya sabes que Mica es un hombre serio y si te presenta como su novia es que está

enamorado de ti.

Oh vaya…

—Bueno, este es el departamento de bienestar Social, pasa, aquí trabajamos para apoyar proyectos

que puedan ayudar a la gente de la comunidad. También apoyamos con jornadas de salud en los

barrios más pobres, y contamos con nuestro proyecto "un techo una esperanza"—Dice Celeste

evidentemente orgullosa.

—Vaya, tienen bastantes proyectos sociales—observo las fotos en el panel de obras realizadas, en

esta muchos rostros sonrientes.

—Queremos hacer la diferencia, Issa, es muy gratificante ayudar a otros. Seguro que eso ya lo

sabes. Ven, que mi mami te está esperando.

—¿La Sra. Petroni?

Celeste ríe.

—Estoy segura de que le gusta que le digan Marcia.

****

—Hola Clarissa—me abraza también—que bueno verte ¿te gustaría un café o un té?

—Un café, por favor—me hace un gesto para que me siente haciendo ella lo mismo.

—Tráenos dos cafés, Beca—se dirige a su secretaria, ella asiente y sale.

La Sra. Marcia Agresti de Petroni es realmente elegante y atractiva, tendrá los cincuenta y tantos

años pero muy bien llevados. Viste un conjunto de falda y chaqueta color nuez, con una pañoleta

estampada en su cuello.

Nos traen los cafés.

—Te hemos invitado principalmente para darte la bienvenida a la familia—me regala una bella

sonrisa, y me recuerda las que me dedica su también bello hijo menor—. Quiero ser clara, Sebasthian

nos ha dicho que te preocupa lo que podamos pensar de tu pasado y quiero tranquilizarte diciéndote

que nosotros confiamos en el juicio de Sebasthian: si él piensa que eres digna de su cariño y atención,

entonces, nosotros también—toma un sorbo de café mirándome con ojos inquisidores escudriñando

mi rostro discretamente. Estoy agradablemente asombrada.

»—Clarissa, nuestras raíces también fueron humildes. Mi abuelo comenzó hace unos cuantos años

con un pequeño negocio y después fue emergiendo, por eso para nosotros son importantes las

personas. Sean quienes sean y provengan de donde provengan. Sé que tu historia de vida ha sido

desafortunada. Así que esperamos que te sientas a gusto con nosotros, Clarissa. Esta también es tu

empresa y nuestra casa es tu casa. Considéranos tu familia. Así lo quiere Mica y si él lo quiere

nosotros también.

Estoy sin palabras.

»—Pero nuestra invitación también tiene otra finalidad y es que además de tener el gusto de

compartir contigo queremos hacerte una propuesta. Sebasthian ha hablado muy bien de ti. Que fuiste

una alumna destacada y evidentemente has logrado mucho. Por eso queremos proponerte que vengas

a trabajar con nosotros aquí en nuestra empresa.

Estoy al borde de las lágrimas.

—Yo... —me sonríe y aprieta la mano con suavidad tiene la misma calidez que me hace sentir

Sebasthian—...no sé qué decir.

—Nos gustaría que te encargaras personalmente del proyecto de casa hogar. Debido a tu

experiencia personal serás de gran ayuda... todo está detallado aquí en esta carpeta. Piénsatelo.

Estúdiala y luego hablamos—me tiende una carpeta manila—Bueno querida, he de seguir dirigiendo

una empresa—se levanta y yo igual—. Cuida a mi niño, quieres.—dice tomando mi codo con

suavidad. Sí, ese niñito es realmente consentido...

—Sí señora, gracias por todo—ahora soy yo la que la abrazo sintiéndome completamente en casa

y bienvenida.

-Te esperamos el domingo para una salida familiar.

-Ok.

-Chao querida, hasta pronto.

Conduzco a casa embargada de una sensación desconocida para mí. Una inconmensurable calidez,

seguridad y un cariño sin par viene conmigo desde mi reunión con la familia de Sebasthian. Así que

eso se siente tener familia. No puedo evitar comparar a la familia Petroni Agresti con los Spillman;

son completamente diferentes, sus valores son diferentes. Los Spillman nunca me hicieron sentir

realmente uno de ellos siempre ostentaron su opulencia como un bastión, y yo en comparación no

podía evitar sentirme menos que ellos. En cambio los Petroni son justo como yo, personas normales

sin miramientos ni remilgos. Con razón Sebasthian es como es. Seguro de sí, franco, asertivo,

comunicativo y amoroso, un líder nato y todo eso se lo debe a su familia; y él ha hablado de mí con

ellos. Sebasthian se ha enamorado de mí dicen ellos. Tenía 5 años sin amar a una mujer ¿por qué?

¿Tendrá que ver con su antigua novia? y en el instante que me hago la pregunta sé que no quiero

saberlo, no quiero saber nada de ella. Me viene al pairo la muy condenada. Así que Sebasthian es un

hombre que se entrega por completo al amor y justamente ahora yo soy el objeto de su amor. Me

fascina la idea. No puedo evitar sonreír como una boba.

Me llega un mensaje:

POLÍTICO SEXY: Hola bebé, ¿hablaste con mi mamá? ¿Te gustó la idea? Dime.

CLARISSA: Cuando dijiste que eras el consentido realmente no estabas exagerando. Estoy

pensando su propuesta. Fue muy dulce. Gracias:)

POLÍTICO SEXY: Y tú eres mi consentida... y también eres muy dulce, que lo sé yo…

Me ruborizo recordando la noche anterior.

POLÍTICO SEXY: bebé, quiero que me esperes en mi casa. Toma la llave debajo del extintor. Es la

que Carmen usa cuando va. Voy a tardar un rato. Ya te extraño.

Que lindo.

Pero claro que lo voy a esperar allá, lo que mande el Señor Consentido.

****

Al insertar la llave en la cerradura me sorprende notar que no tiene el seguro. Bueno quizá llegó

Carmen a limpiar o algo. Entro, dejo mi bolso en la mesa del vestíbulo y me encamino a la cocina

por un poco de jugo o agua.

Me quedo tiesa.

Sentada sobre la encimera de la cocina de piernas cruzadas una mujer y a su lado una botella de

vino dentro de una hielera. ¿Qué coño es esto? ¿Acaso es una broma?

—Hola, ¿eres una amiguita de Sebasthian?—me mira de arriba abajo con aires de superioridad.

Debo admitir que es hermosa. Cabello negro largo y vaporoso que cae sobre sus hombros, piel

blanca inmaculada y más con ese vestido azul que moldea su cuerpo. Estoy consciente de que mis

ojos se van a salir de sus órbitas. Los suyos, azules, me observan con displicencia.

—Si es así, te pido por favor que nos des privacidad. Llevo tiempo sin verle y seguro nos

pondremos cariñosos—dice mientras acaricia su pierna.

Se me sube la bilis y quiero sacar a esa fulana por los pelos.

—Yo no soy ninguna de sus amiguitas—mascullo entre dientes.

Ella se sorprende y se baja, mirándome, parece una gatita sensual.

—¿Ah no? ¿Y quién eres?

—Su novia—digo secamente.

Se para en seco.

—¿En serio?

—Sí, ahora te agradecería que te fueras y que no lo busques más.

Hace caso omiso de mi petición.

—Y… ¿cuánto tiempo tienes con él? No será mucho, ya que nadie me comentó nada.

—Eso no me interesa, solo quiero que te vayas.

Abren la puerta y Sebasthian entra. Su mirada se pasea estupefacta de la Srta. Gatita sexy a mí.

Inmediatamente la ira lo invade.

—¡Tú! ¿Qué coño haces aquí?—se dirige a ella.

—Mica, esa no es manera de recibirme—contesta sorprendida.

¿Mica? ¿Por qué lo llama así con esa familiaridad?

—Tampoco es manera el aparecerte aquí, en mi apartamento sin invitación ¿qué pretendías?—está

furioso casi fuera de sí.

Y entonces lo entiendo, es ella la famosa novia... su única ex...

¿Por qué está aquí? ¿Qué quiere con él? ¿una reconquista? seguramente. No soporto verlos juntos.

Me quiero ir.

—¡Ni se te ocurra irte de aquí, Clarissa!—me señala amenazante adivinando mi intención—¡La

única que se va es esa mujer, y ahora!—la señala con desprecio.

—Sebasthian yo...—dice ella tratando de explicarse.

—¡¡Que te vayas, Nojoda!!—gruñe.

Palidece y sale corriendo. El azota la puerta tras de ella.

Estoy mortalmente pálida.

Se frota el entrecejo y toma una respiración profunda, imagino que para volver en sí. Toma su

llave y asegura la puerta. Sospecho que lo hace para que no escape.

—¿Quieres tomar algo?

—No. Solo quiero irme—me abrazo a mí misma.

—Clarissa, mereces una explicación. Por favor siéntate y permíteme explicarme. Te aseguro que

no es lo que piensas.

Me siento más que todo porque no quiero ser el motivo de su ira. Nunca le había visto así de

furioso. Dudo haber visto en mi vida alguien en ese estado de furia. Él se dirige al bar se sirve un

trago y se sienta a mi lado. Vacía medio trago de una tomada.

—¿Qué te dijo ella?—aún sigue tenso.

—Que había venido a verte.

—Clarissa, yo no suelo traer mujeres a mi casa, por favor no pienses eso. Como te he dicho soy

una figura pública y además guardo papeles comprometedores aquí. Así que no creas que esta es una

pasarela—dice sentado con sus codos en sus rodillas y el vaso en ambas manos, inclinado hacia mí.

—¿Por qué se cree con derecho de estar aquí entonces?

—Cielo, la única que tiene derechos conmigo eres tú, nadie más. Te lo garantizo.

—Eso no contesta mi pregunta, Sebasthian, ¿quién es ella?—se toma el resto del trago de un tirón.

Coloca el vaso sobre la mesita al lado del sofá.

Exhala como si le cayeran 10 años encima.

—Ella fue mi novia...estuvimos comprometidos—evalúa mi reacción.

—¿Y tiene las llaves de tu apartamento?—exclamo alarmada.

Me observa sin entender.

—Ella estaba aquí cuando llegué—le explico.

—¡¡Joder!!—palmea su muslo otra vez molesto—. Me imagino tu sorpresa. Habrá usado la llave de

repuesto.

—¿Así que ella vivió aquí contigo?—pregunto vacilante ¿en verdad quiero saberlo?

Asiente receloso.

—Sí.

—¿Cuánto tiempo?

—Casi dos años.

Dos años vaya... y se iban a casar.

—Compartió con tu familia y todo eso, me imagino.

—Algo.

—Ah…—siento una punzada de dolor justo en medio del corazón.

—Cielo, eso pasó hace mucho—dice tomando mi mano, parece que se nota que estoy triste—. No

quiero que te preocupes por eso. Es ridículo que se aparezca por aquí. Que bueno que pude salir

temprano, me hubiera vuelto loco si te hubieras ido por culpa de esa mujer.

—Sebasthian, si ella vino es porque tiene asuntos inconclusos contigo y no creo querer estar en

medio de ustedes dos.

—¿Qué disparate dices? tú eres mi centro y ella no tiene nada que ver conmigo. Además me

importa un carajo lo que tenga o no tenga que decir. Al pasado pisado.

—¿Estás seguro? porque a mí me pareció tu reacción excesiva.

—¿Y cómo quería que reaccionara Dra.? Veo a mi novia (una chica que me ha apartado de su lado

en varias oportunidades sin ninguna razón) en la sala de mi casa, con mi ex. Perdóname, pero no

pienso darte ningún motivo para que me dejes.

—Ah... ¿era por eso?

—Claro cielo, quiero que estés feliz, que estés tranquila.

De pronto me asalta una duda insana si él no traía a sus Barbies pechugonas aquí, entonces ¿a

dónde las llevaba?

—Y ¿cómo hacías con tus conquistas? tú sabes.

—Curiosa ¿no?—se pasa las manos por los muslos en un gesto de ansiedad—. Bueno... nos íbamos

a un hotel...o... a mi otro apartamento.

—¿Otro?

—Uno que no habito, solo tengo lo básico.

—¿Una cama? ¿Un sofá? y ¿un mesón tal vez?—digo sardónica recordando los sitios donde lo

hemos hecho nosotros.

—Tal vez— sonríe pícaro—. Cuando quieras te llevo.

—No gracias.

Se me quitan las ganas solo de imaginar la cantidad de mujeres que habrá llevado allá.

—Oye, no soy un santo tampoco.

—Se nota.

—Aunque por ti me beatifico, si quieres—bromea.

—Lo dudo mucho.

Exhala y deja caer sus hombros.

—No empieces Clarissa, tú preguntaste. No me condenes por decirte la verdad.

Suspiro. Tiene razón: le busqué las cinco patas al gato y hallé ocho.

En resumen me ha tocado la lotería. Tengo un novio de lo más regalado, con una ex novia que lo

acosa en su propia casa y con un apartamento listo para que despliegue sus dotes sexuales de Don

Juan con la que se le antoje.

¡Mierda, estoy jodida!

—Para ti—me tiende una llave—.La del otro apartamento. Así sabrás que no lo uso.

—¡Ay por favor, Sebasthian, que ridiculez!

Por Dios ¿qué pretende? ¿Pedírmela cuando lo vaya usar con otra?

—Por favor cielo, tómala—me suplica colocando la llave en mi mano y cerrándola—. No le des

tantas vueltas al asunto, te quiero aquí conmigo. Solo a ti—se arrodilla entre mis piernas paseando

sus manos por ellas debajo del vestido—. ¿Quieres... que te mime ahora?—lo veo juguetón.

—No, la verdad—digo cortante.

—No seas así, bebé. Anoche me lo pediste. Déjame consentirte ¿sí?—hace un mohín de lo más

adorable mientras continúa su caricia, siento sus pulgares haciendo círculos sobre mis muslos.

Me río.

—¿Eres terrible verdad? ...realmente eres un pillo, con razón todas te aman—entorno los ojos.

Bueno sinceramente, ¿quién podría resistírsele?

—Todas menos tú, bebé—va depositando tiernos besos sobre mis piernas.

De repente recuerdo lo que me dijo su hermana <<...es un hombre serio...está enamorado de ti...>> y

Cata <<tienes a ese hombre herido...>> oh... coño...

¿Soy yo la que está jugando con él?

—No digas eso Sebasthian— sintiéndome culpable.

—Tranquila nena, a mí me encantan los retos y si vienen en un vestidito así… mmm… mucho

más...—de nuevo me deslumbra con esa sonrisa suya que me para el corazón. Luego coloca sus

manos abiertas sobre mi trasero inclinándose hacia mí y encadena su mirada a la mía—Entonces...

¿lista para los mimos? Si te incomodan solo dímelo por favor y me detengo ¿ok?

Sí, cielo.

—Ok—me hala con suavidad hasta caer justo en sus piernas. Él está sentado sobre sus talones, y

ahora yo, sobre él. Mis brazos descansan sobre sus hombros.

—Que rico estar así contigo. Por cierto estás muy linda—me derrite su mirada me dice tantas

cosas. Me aparta el cabello con suavidad acariciando mi hombro. Riega tiernos besitos sobre el

mismo. Cierro los ojos entregándome a su contacto. No quiero resistirme a él.

—Tienes una piel muy suave, como me gusta—acaricia su nariz con la mía y yo sonrío, nunca

había hecho eso con nadie. Un besito de esquimal. Es un gesto de lo más tierno. Luego la pasea por

mis mejillas en una caricia sutil y juguetona. Mientras sus manos se deslizan desde mi nuca a mi

espalda en un ritmo lento y repetitivo. Suspiro. Me encuentro realmente relajada.

—¿Te gusta cielo... te gusta estar así conmigo, verdad?— su voz sedosa e invitadora.

—Sí—digo como un suspiro.

—Y a mí, mi vida, podría estar así contigo por siempre.

Luego que Sebasthian me dio una buena dosis de mimos, arrumacos y palabras tiernas, —suficientes para saldar una buena parte de mi carencia afectiva—decidimos salir de paseo. No tenía ni

idea de que los hombres pudieran ser seres tan cariñosos y tiernos, esto en verdad me ha tomado por

sorpresa. Si me lo hubieran dicho cuando conocí a Sebasthian, de traje y corbata, no me lo hubiera

creído. Parece que es un ser completamente kinestésico y al parecer yo también. Resulta todo un

descubrimiento porque siempre me catalogué como una persona primariamente visual. Pero, desde

que le conocí, el tacto se ha convertido en mi sentido predominante, y por supuesto, en mi favorito

también.

Sebasthian me espera en la sala mientras me retoco un poco, cuando vuelvo tiene la mirada fija en

el piso, justo donde estábamos hace un momento, abrazándonos. Es la llave. Se me había caído.

Rápidamente la tomo lanzándole una mirada altiva. Me diste la llave ¿no? Bueno, la acepto y olvídate

de ella. Olvídate de tu vida antes de mí, Sebasthian. Ninguna mujer va a volver a estar en tus brazos,

ni tu jodida ex, ni ningún modelito nuevo. ¡Ninguna! De solo pensarlo me hierve la sangre.

Él sonríe encantado.

—¿Y la de repuesto?—le hago un gesto con la mano de que me la de. Su sonrisa se amplía aún más

hasta casi partirle el rostro en dos.

—Como me excita cuando te pones en plan de cuaima— dice mordiéndose el labio y meneando la

cabeza divertido. Abre su cartera y saca otra llave—. Aquí está ¿Quieres revisar mi teléfono también?

—sugiere burlón.

—No gracias diputado, me conformo con esto por ahora.

—Ándale, me salió posesiva la niña.

Me encojo de hombros.

No tenía idea de que fuera tan celosa, pero bueno, cómo iba a saberlo...

Viernes 23 de Enero

“Un día de mierda y sinsabores"

Cata ha tenido una emergencia de moda—como siempre que conoce a un chico—y ha terminado

aquí en mi apartamento hurgando mis cosas, somos casi de la misma talla, aunque yo tengo más

busto.

—¿Cómo crees que me quede esto?—dice colocándose el vestido sobre su pecho.

—Bien— no estoy muy entusiasmada ya que lleva rato en la misma tónica.

—Ayúdame ami— me hace uno de sus mohines.

Tuerzo los ojos cuando no me ve. Ya quiero que llegue Sebasthian. Como puedo me escabullo de

mi insistente amiga y me paro en el umbral de la puerta del apartamento—con bolso y todo—a

esperar a mi novio. Sonrío ante la idea. Yo con un novio y no cualquier novio. Es el más bello y

terriblemente sexy diputado que pueda existir. ¡Ay Dios!

—Hola—me dice un hombre alto, delgado y de tez morena. Nunca lo había visto—. La vida te ha

tratado muy bien por lo que veo.

Frunzo el ceño.

—¿Te conozco?

—Yo sí, has cambiado mucho, pero aún conservas la misma carita.

Frunzo aún más el ceño. ¿De dónde me conoce?

—Toma, a ver si te refrescas la memoria—me pasa una foto, que tomo con cierto recelo. Está muy

vieja, amarillenta y desgastada, y en ella hay un grupito de niños sucios y harapientos. Delante de

ellos, la única niña, con terribles nudos en su cabello, ojos tristes, ropa roída y rota, toda ella llena de

mugre de pies a cabeza. No puede ser. La niña… ¡Soy yo!

—¿De dónde sacaste la foto?—exclamo terriblemente confundida.

—Ah te reconoces... ¿no lo recuerdas?, tú robaste la cámara.

¿Qué?

—Eras una niña de la calle hurtabas billeteras y cosas así. Tenías unas manitos muy traviesas.

¡Mierda!, ahora temo preguntar. Pero la curiosidad me está matando…

—¿Y qué pretendes con esto?—pregunto recelosa.

—Ver si puedo tener una tajada de tu vida. Sabes que la vaina esta dura y cuando te vi en el

periódico junto a ese tío con real, bueno. La cosa es así: yo te doy información de tu vida anterior y

tú me sueltas plata—dice con desenfado.

—¿Por qué haría eso?

—Bueno, si no estás interesada en esa mierda, me puedo ir. Pero te diré: las cosas que recuerdo

podrían ayudarte con tu problema de memoria Malambú.

¿Cómo me ha dicho? eso me suena. Un recuerdo fugaz viene a mi mente, un niño de diez años

mugroso, arisco y corriendo, llamándome, y ese es mi nombre. ¿Ese sonido es acaso un nombre o un

alias? Miro mis manos y son pequeñas y tengo las uñas llenas de mugre, me atenaza un olor

nauseabundo que penetra mis entrañas. Tengo ganas de vomitar.

—¿Qué pasa, te estás acordando verdad? Yo sé de donde saliste tú, soy el único que lo sabe. Toda

esa pantomima que estás haciendo es una farsa, tú saliste de la mierda, tal como yo.

Me enfurece que me compare con él.

—Te agradezco que te largues de mi casa.

—¿Qué, ahora eres delicada?—ríe—Quizá no me supe explicar; quiero ayudarte. Yo también dejé

esa vida atrás… Ahora soy una persona decente que medio se gana la vida. Aquí te dejo mi tarjeta,

llámame y yo te ayudaré con tus lagunas. Piénsalo como un trueque Malambú.

Tomo la tarjeta.

—Ese no es mi nombre.

—¿En serio?, yo creo que ese es justamente tu nombre…

Cuando estoy a punto de soltarle una mala palabra Cata aparece.

—¡Leo cielo, llegaste!—se lanza a sus brazos besándole—. Issa, este es mi novio, Leo—quedo con

la boca abierta. Este chantajista es el adorable Leo de Cata. ¡Mierda! eso es un problema—. Voy por

mi bolso.

—Qué te traes entre manos. Eres un sucio.

Ríe

—Hola cielo—Sebasthian ha llegado, nos ve a ambos e imagino la cara que debo tener. Frunce el

ceño—¿nos vamos?

—Sí, vamos.

El silencio en el auto nos arropa por completo. Leo me ha dado mucho en que pensar. Que odioso

sujeto ¿qué le habrá visto Cata?

—¿Quién es ese tipo?—me suelta Sebasthian sin apartar sus ojos del camino.

—Alguien que conozco.

—¿Ah, sí? ¿De dónde?

—De la casa hogar—le miento, quiero que se olvide de él.

—Mmm. ¿cómo se llama?

¡Oh no! Ya va a empezar con la preguntadera.

—Leonardo.

—¿Y su apellido?

—¿Para qué Sebasthian?

—Digamos que por curiosidad.

—No lo sé.

Me lanza una mirada de soslayo.

—No me mientas, Clarissa—su tono es de advertencia.

¿Cómo?

Vale, en serio no lo sé sobre todo porque no he visto su tarjeta todavía. La tengo segura en mi

bolso.

—Te he dicho que no lo sé—insisto y en verdad trato de no sonar ansiosa.

—Sabes que puedo averiguarlo, verdad.

—Adelante—me encojo de hombros.

Exhala.

—Sé que me estas ocultando algo. Muy a pesar de ti te conozco muy bien y además soy experto en

mentiras, puedo leer a las personas. Ay Clarissa no me gusta para nada lo que estoy viendo en ti. ¿Por

qué cubres a ese pelmazo?

—Sebasthian por Dios ¿estás celoso?

—Sí y no ¿Tuviste algo con él?

—¿Qué? ¡No!

Me río.

— ¿O es que quieres tenerlo?

Río de nuevo.

—No le veo lo divertido—aprieta el volante con fuerza.

—¿Cómo crees que me puede gustar teniéndote a ti?—coqueteo.

Se le ve complacido

—Ah, sí. No lo sé, me confundes. Hay algo que no me cuentas, eso está claro.

****

Ya en el restaurante me encuentro inmersa en mis pensamientos tratando de encontrar recuerdos

viejos, amarillentos y desgastados de mi infancia. Pero estos se escabullen. El truhán de Leo va a

salirse con la suya porque necesito recordar…Conocer de dónde vengo… Comemos en silencio, el

apuesto diputado no tiene nada que decir ¿qué le pasará?

— ¿Cómo estuvo todo en la Asamblea?

—Como siempre, hay mucha gente falsa en esa mierda.

—Ah... ¿estás enojado?

—Bueno, si hay algo que me molesta son las falsedades. Esa vaina me cabrea en verdad.

Está de un humor de perros hoy. Justo lo que me faltaba…

Le llega un mensaje a Sebasthian y frunciendo el ceño pide la cuenta. Antes de poder saber si

quiera qué le pasa, paga, se levanta y se dirige a la puerta. Tomo mi bolso y me apresuro a seguirle.

—¿Qué pasa?—pregunto ya intrigada por su reacción, al parecer no me escucha porque sigue

caminando ¿adónde va?

De pronto se voltea y me toma fuerte del brazo.

—¿Qué significa esto Clarissa?—me muestra la tarjeta de Leo ¿Cómo carajos?... Claro cuando fui

al baño…—¿Hay algo que me quieras decir?—su mirada es intensa.

Me siento en el banquillo de los acusados. ¡Ay Dios!

— ¿Revisaste mis cosas?—exclamo atónita.

—Si me mientes lo voy a hacer y desde que lo viste andas rara—dice categórico sin la menor

culpa por invadir mi privacidad.

—No es lo que crees—no puedo sostenerle la mirada.

— ¿Y qué es entonces?—dice exasperado.

—Por favor, Sebasthian, es privado—me siento cada vez más cohibida.

—¿Qué carajos significa eso? no debe existir nada privado entre nosotros.

Me avergüenzo de mi pasado

—Es que no te lo puedo decir.

—Dímelo—me exige amenazador—. Mira, ese hombre está metido en líos con drogas y esas

cosas. Se asocia a malandrines. No es de fiar, no quiero que tengas nada que ver con él.

—¿Y cómo sabes eso?

—Lo mandé a investigar te dije que lo haría—admite enfático.

Dios mío, este hombre no respeta la privacidad de nadie.

—Ay por favor Sebasthian, créeme puedo lidiar con eso—estoy exasperada por su intrusión.

—¿Qué pasa Clarissa, que mierda te pasa con ese tipo? No me gustan los secretos te sugiero que no

me hagas perder la paciencia, sabes cómo me pongo.

—¿Me estás amenazando?

—Solo quiero que me digas que te pasa... me estás volviendo loco...no sé qué pensar...

Lo cierto es que la única persona que podría ayudarme a deshacerme de Leo es Sebasthian, pero sé

que si le cuento lo que ha pasado nunca podré averiguar lo que él sabe de mi vida anterior. Además,

es degradable tener que hablar de eso con Sebasthian. Hasta a mí que cuesta aceptarlo.

—Prefiero no hacerlo.

Su cuerpo se tensa aún más.

—¡Basta!... hasta aquí llegamos tú y yo. Te niegas a confiar en mí y yo no pienso suplicarte más—dice furioso.

Me quedo en silencio. Estoy impactada ¿está diciendo que esto se acabó? ¿Es en serio? ¿Acaso él

también me está abandonando? ¿Sebasthian me está abandonando? Una ola de miedo, desesperación e

ira arremete contra mí anulándome a su paso.

—¿No piensas decirme nada?—espeta—a pesar de lo que siento por ti debo reconocer que eres una

pared. No puedo contigo. Me rindo. Ya no más. No pienso buscarte más—se pasa las manos por la

cabeza y me mira—. Di algo.

Me cuesta articular palabra con ese nudo que se aprieta más y más en la garganta. Siento un terror

indescriptible y en las penumbras de mi memoria me resulta conocido. De repente, me siento como la

niña mugrienta y piojosa que nadie quiso.

Hay algo muy malo conmigo…

—Entonces...adiós—logro musitar y no puedo ocultar el desespero en mi voz. Él me toma del

brazo.

—No puedo estar con alguien que no confía en mi Clarissa, ya estoy cansado de esa mierda—dice

con más suavidad.

—¡¡Entonces por qué coño no me sueltas!!—rompo colérica y el queda con los ojos muy abiertos

—¿crees que me da miedo estar sola? ¡Te doy una noticia: Esa ha sido mi puta Vida! ¡¡A la mierda

contigo!!—me zafo de su agarre y prácticamente salgo corriendo.

No puedo soportar su rechazo.

****

Otra vez vuelvo a tener a la soledad como mi compañera. La conozco bien, es pálida y desencajada

y me mira con ojos huecos oscuros y abismales, con su gesto torcido pero familiar. Le has tenido y

le has perdido, me dice y lo repite una y otra vez para atormentarme la muy perra. Realmente lo has

jodido. Me siento tan vacía, tan agotada, tan anulada; seguramente de tanto llorar, no sé cuántas horas

llevo en eso. Ni sé que hora es. Está recostada a mi lado y me muestra su horrible sonrisa que parece

más una mueca. Tiene infinitos dientes afilados y los hinca en mi piel doliente y anhelante de caricias.

Me dice eres mía, así como él me lo decía, pero solo me deja una fea cicatriz sangrante. No tengo

alma. Soy un recipiente vacío y roto. Inservible, nadie me extraña. Lloro amargamente abrazando la

almohada y quisiera transportarme al mundo de Morfeo a ver si hallo algo de paz. Pero este también

me evade. Toda esta angustia ¿por qué la siento? ¿Qué me ha pasado? Dijo que ya no me buscaría,

que le cansé con mis jueguitos de corre a ver si me alcanzas. Pero ¿qué puedo hacer? no sé cómo

amar, como confiar…Y entonces, después de enloquecerme con su tacto, con su tremendo poder de

seducción, de prometerme su cariño, de declarar su amor, de mostrarme cómo se siente la ternura, el

amor, la seguridad, me quita todo porque se cansó… Se cansó de mí… ¡Joder! como le odio.

Realmente le odio tanto. Quisiera...Quisiera...su boca en mi boca. ¡Ay Dios! ¿Por qué no dejo de

llorar?... ¿En verdad no me va a buscar más? Quisiera que no fuera cierto. Que solo hubiese sido un

arrebato, a veces tiene un carácter del demonio y le queda tan bien, lo hace verse más varonil, más

fuerte... ¡Ay! ¡Cómo le extraño!

No puedo evitar sentirme desvalida. Huérfana. Sin familia. Sin nada. Sin corazón ni alma...

Precisamente por eso nunca me había entregado antes y entonces apareció él y me tomó por

completo sin siquiera preguntar, ni pedir permiso. Lo que quiere él lo toma, se apodera y ya. Pero

también se entrega, da y da y no se cansa de dar. Es tan fácil para él, ser él. Le envidio, no se amilana

con nada. Bueno, hasta que llegué yo y le colmé la paciencia. Me quiso rápidamente y más rápido

dejó de quererme; justo cuando por fin le estaba creyendo. Quisiera no ser como soy, no estar tan

jodida. Ser solo una chica más con algo que ofrecer además de su cuerpo. ¿A quién pretendo

engañar? Es curioso extraño hasta a su familia. Los mellizos y sus ocurrencias divertidas y él

jugando con ellos, como un niño... ¡Ay, que lindo! Ahorita mismo me cuesta verle algún defecto solo

que no me quiere. Si ese es su defecto que ya no me quiere.

Suspiro agotada y por fin Morfeo se apiada de mí...

Sábado 24 de Enero

“Suplicas saladas, horrendos sustos, flores olorosas y bombones tentadores"

Un pitido agudo me despierta. Rebusco el celular, entre las sábanas revueltas, con la esperanza de

que sea un mensaje de Sebasthian.

No lo es.

Miro el teléfono con una tristeza sobrecogedora.

CATA: Ami necesito que me prestes tu bolso verde, lo paso buscando.

CLARISSA: Ok.

Prefería no verla pero no puedo negarme. Me levanto, me aseo un poco y tomo el susodicho bolso.

Cuando abro la puerta está Leonardo con ella. Me dedica una sonrisa maliciosa que Cata no alcanza

ver.

—Hola ami ¿qué te pasa?—pregunta ella al ver mis ojos hinchados. Le hago un gesto negativo con

la cabeza—. Hablamos luego ¿sí?

—¿Y tienes los zapatos nena?—le dice Leo.

—Buena idea—exclama contenta—. ¿Dónde están?

—En el armario— respondo en automático.

Cata desaparece en el apartamento. Apenas se va, Leonardo se acerca a mí.

—Esperé tu llamada, pero no llegó, si quieres saber más de tu vida te espero a la una de la tarde

por el rio Guaire a la altura de Plaza Venezuela. Lleva un dinerito tú sabes lo necesito para llevar de

paseo a tu amiga

—Déjale tranquila.

—¿Por qué haría eso? Ella me gusta y es muy complaciente.

— ¿Por qué haces esto?—digo hastiada.

— ¿Y por qué no? Se usa lo que se sabe—comenta con desenfado.

Cata aparece de nuevo.

—Listo. Gracias Issa, nos vemos luego—me estampa un beso y prácticamente se lanza a los brazos

de ese truhán.

La tomo del codo, quisiera decirle que su noviecito es un sucio chantajista pero veo sus ojos

ilusionados y decido que no es el momento, además me siento débil y vulnerable ahora.

—Ten cuidado.

...de Leo

—Tranquila, Leo me cuidará.

Quedo con un mal sabor de boca. Leo y Cata. Otra mala elección de mi amiga. Una bala perdida.

Un huérfano indeseable que logró escapar de las calles a medias. ¿Así sería yo de no haber conocido

al Doctor Spillman? No lo sé, pero solo de pensarlo se me sube la bilis. En la comodidad de mi

apartamento busco mi diario y comienzo a escribir como un rayo todos esos sentimientos que me

están atenazando. La preocupación por mi amiga, el chantaje, mi pasado y no menos importante

Sebasthian. No me ha llamado, ni me ha enviado un mensaje. Así que hablaba en serio con eso de

separarnos, y todo porque el imbécil de Leo se le ocurrió aparecer y darme un vistazo de mi pasado,

algo a lo que no me puedo resistir. Es difícil vivir sin saber de dónde vienes.

Pasado. Cata. Leo. Sebasthian. En eso me paso el día ¿cómo lograré resolver todos estos líos?

Resulta increíble que todo iba tan bien hasta hace poco, casi como un sueño y ahora estoy inmersa en

esta pesadilla. El estómago me ruge. Voy a la cocina y todo me parece un asco.

A las doce y media estoy en camino a mi encuentro con el rufián descarado. Llego a una zona que

francamente es bastante peligrosa, casa de pordioseros y vagabundos. Estoy zafada de un tornillo por

estar haciendo esto. Verifico mi bolso y solo tengo el gas pimienta. Olvidé la pistola de descargas en

mi casa. Sebasthian me mataría si supiera lo que hago. Aseguro mi coche y camino aferrando mi

bolso como si mi vida dependiera de ello. Lo cual es cierto.

Cerca del desfiladero veo a Leo, que me hace un gesto con la cabeza.

—¿Entonces?—me muestra la mano quiere su dinero. Le doy un cheque que ya hice por una

cantidad considerable por su servicio.

—¿Qué diablos es esto, acaso parezco un maldito banco? Quiero plata.

—Es lo que tengo.

—Será—se guarda el cheque en el bolsillo haciendo un gesto de desagrado.

—¿Entonces?

Me observa de arriba a abajo como si fuera la mismísima mierda. Un escalofrío me recorre.

—¿Qué? ¿Incomoda? ¿Te quieres ir?—hace una mueca despectiva—. Pero si esta era tu casa—abre

los brazos como mostrando el entorno que nos rodea.

¿Vivía bajo un puente sobre el Guaire? paseo mis ojos. No sé qué es peor la basura o el olor

nauseabundo de las aguas negras.

—Éramos como 7 niños y el "Tuerto" nos administraba, tú sabes, nos lanzaba un hueso de vez en

cuando, nos golpeaba otras. Bueno, a ti no tanto porque no quería estropearte la cara. Tenía otros

planes para ti...

Tuerzo el gesto asqueada por la situación. Así que era una vagabunda, carterista que vivía bajo un

puente con opción a prostituirse. Esto se pone mejor y mejor.

—Pero no le dio chance, alguien te encontró y desapareciste del mapa. Nosotros pensábamos que

habías muerto. Así que imagínate mi sorpresa cuando veo tu cara en el periódico. No has cambiado

mucho.

— ¿Pero cómo llegué aquí?

—No sé, como todos.

—Así que no sabes nada más.

Se encoje de hombros.

—¿Y el tuerto?

—Murió hace años. Por drogas, creo.

Así que estoy en una encrucijada. Vuelvo a notar ese brillo malicioso en su mirada mientras su

boca se tuerce levemente en una sonrisa. Me entra el pánico. Estoy sola con un tipo peligroso y

taimado en un lugar solitario.

Mierda.

—Si eso es todo me marcho—apresuro el paso hasta mi coche, con rapidez saco las llaves y abro

la puerta. Cuando siento unas manos en mis hombros suelto las llaves y con la agilidad que me da la

adrenalina cojo el spray y se lo vacío en los ojos al tipo que me ha tocado.

— ¡Ay!—exclama soltándome y frotándose los ojos. Tiene un pasamontañas que le tapa el rostro.

De pronto otro hombre que no había visto golpea mi mano tumbándome el spray y dejándome

indefensa, me empuja dentro del auto violentamente y caigo del lado del conductor. Dentro del coche

lucho con él a patadas y puños para que no entre, pero tras de mí, otro se monta y me agarra de la

cintura halándome al asiento del pasajero y tomando como puede mis manos. El segundo

encapuchado se monta y antes de que cierre la puerta lo intercepta un hombre vestido de militar con

traje verde de campaña.

—Bájese del auto ahora—ordena el militar apuntándole a la cabeza. Inmediatamente nos apuntan

dos militares más a través de las ventanas. Los hombres enmascarados levantan los brazos y yo salgo

disparada del coche.

Veo a Sebasthian.

—¡Sebasthian!—me lanzo a sus brazos y encojo mi cabeza en su cuello. De pronto recuerdo que ya

no estamos juntos, que no me quiere y me aparto de su abrazo con pesar. Anhelo más que nunca su

calor pero cómo obligarlo.

—Lo siento.

—Ah cariño—me abraza más fuerte y durante un rato me permito disfrutar de su calidez

imaginándome que no me ha dejado, que aún soy suya—. ¿Estás bien?

—No—tengo hambre, demasiada sed, me arden los ojos, la cabeza me palpita, las piernas como

flanes. Siento como si me hubieran dado una paliza. Pierdo mi centro y me tambaleo. Sebasthian me

toma en sus brazos y me siento ligera y segura. Justamente ahí deseaba estar. Descanso mi cabeza en

su hombro mientras inhalo su deliciosa fragancia amaderada.

****

Abro los ojos y me encuentro en la habitación de Sebasthian. Me siento adolorida. Él está sentado

al frente mío con sus manos enlazadas, codos sobre sus rodillas, viéndome fijamente.

—Clarissa, no quiero que vuelvas a hacer una idiotez como esa—me regaña.

Se sienta a mi lado, en la cama.

—¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes?—dice con suavidad mientras acaricia mi barbilla.

Al sentir su contacto me invade unas tremendas ganas de llorar. Bajo la cara.

—No entiendo por qué me trajiste aquí. Preferiría que me hubieras llevado a mi casa—digo con un

hilo de voz.

—Mi intención no era incomodarte... mira, ayer nos dijimos cosas, por favor, vamos a hablar ¿sí?

—murmura mientras toma mi mano.

—¿Hablar? ¿Hablar? ¿Cómo crees que me puedo sentir, Sebasthian? Primero, me pides que te deje

ser mi hogar, y luego vas y me dejas. Me dejas tú también—digo amargamente y no puedo detener las

cataratas que brotan de mis ojos— ¿Por qué me hiciste eso? ¿Es que acaso ya no me quieres? ¿Tu

amor duró tan poco? ¿Es eso? Nunca nadie me había lastimado tanto—estoy inconsolable.

—Perdóname... perdóname bebé... es que tú no demuestras nada, te guardas tus sentimientos ¿Cómo

podría saber? ...—tiene los ojos muy abiertos.

—Cómo podrías saber qué ¿Por qué tengo que decírtelo? ¿Es que no lo demuestro? No te das

cuenta que a nadie le había entregado mi cuerpo. Estaba completamente negada a sentir cualquier tipo

de emoción que me dejara vulnerable, y vienes tú y te metes en mi vida, como un huracán... y después

me dejas... desolada. No sabes la angustia que sentí solo de imaginarme que tú ya no me quisieras...

Que ya no me quieres...—escondo el rostro en mis manos.

—No digas eso, no es así, no es posible que te deje de querer—dice angustiado

—Si es posible... yo soy menos que nada... ¿Por qué me querrías? Eso es lo que no comprendo.

—Lo siento cielo, no tenía idea.

—¿Cómo puedes tener idea tú? Si has tenido una vida completamente diferente. Somos polos

opuestos. Nunca podrías entender de dónde vengo.

—Tienes razón, he sido tan tonto. Nunca debí dejarte. Me arrepentí desde el primer momento que

lo hice y me he estado lamentando desde entonces. Solo que te vi tan molesta que no creí que me

perdonaras.

Hablo con el corazón. Como nunca antes le dejo a mi alma guiar mis palabras.

—Has sido muy cruel, me lastimaste tanto que no he parado de llorar. Me diste algo que nadie

nunca había compartido conmigo. Algo muy valioso para mí y luego me lo arrancas de la nada. Yo...

no sé si pueda perdonarte.

El traga saliva. Está muy pálido.

—Por favor cielo, nunca quise lastimarte. Yo sigo sintiendo lo mismo por ti y verte así me pone

muy mal. Soy yo el que no se perdonará nunca el haberte lastimado. No llores más cielo—enjuga mis

lágrimas con sus pulgares.

Pero la presa se ha abierto no puedo parar mis palabras que salen tan raudas como mis lágrimas.

—Sebasthian, yo no sé cómo amar. Estoy seca por dentro. Tengo tanto miedo. ¿Cómo podría darte

algo que no sé cómo dar? Tienes razón en apartarte de mí, solo saldrás herido.

—No. Estaba equivocado. Fui un idiota. Perdóname cielo, no te dejaré nunca.

—No juegues más conmigo, por favor. Deja de prometer imposibles has dicho que te cansé. Que

agoté tu paciencia—niego con la cabeza desconsolada.

—Olvida eso ya. Por favor. Yo te quiero mucho y quiero que estemos juntos. ¡Ay, Clarissa! no me

bastará el mundo para darte si con eso me perdonas. Perdóname... perdóname bebé...

Me abraza y sus brazos son cálidos y acogedores. Sus palabras son un bálsamo para mi alma

dolida. ¿He de creerle a Sebasthian? Ansío hacerlo y borrar las últimas doce horas de mi vida para

siempre. Como nunca, quiero entregarme a él. Tomo su rostro y le beso, vaciando en el mismo toda

la desesperación y angustia que he sentido desde que lo dejé, él responde de igual forma.

—Ámame...—le pido en un susurro. Mi rostro lleno de lágrimas que no paran de correr.

—No cielo, estás muy alterada. Por favor descansa—trata de tranquilizarme acariciándome el

cabello, acunando mi cabeza—. Te acaban de atacar, necesitas calmarte un poco, yo me recuesto

contigo.

—No me dejes.

—No cielo, estoy aquí, tranquila, ¿sí?—se acuesta tras de mí y me cubre con sus brazos mientras

sigo con mi ataque de llanto—. Tranquila bebé—se le quiebra la voz.

—Se mi hogar—murmuro acomodándome en su abrazo.

—Seré lo que tú quieras, cuando tú quieras, mi cielo—su voz es tranquilizadora y plagada de

cariño.

Al rato ya han cesado mis lágrimas. Mi respiración se ha acompasado a la suya normalizándose.

Aún me siento desgastada. Me sorprende ver un arreglo floral. Es un exquisito arreglo de rosas

blancas en la mesita al lado de la cama. De allí emanaba ese aroma.

—¿Esas flores?

—Son para ti, cielo—me dice él con suavidad— ¿Recuerdas cómo te liberaste de tus captores?

—Me ayudaron unos militares...y tú estabas con ellos ¿verdad?

—Claro que sí. Por un lado mandé a seguir a ese imbécil que te estaba chantajeando, y por el otro,

te estaba siguiendo a ti.

Me giro para verle la cara porque no doy crédito a lo que dijo.

—No me mires así. Yo fui a tu casa a hablar contigo en persona. Sabía que si te llamaba o te

enviaba un mensaje te ibas a alejar de mí, pero cuando llegué ya estabas en el coche, así que decidí

seguirte. No podía soportar otra noche sin ti, anoche fue una pesadilla. Solo veía tu linda carita

mandándome a la mierda.

Río por lo último que dijo.

— ¿Creíste que te desharías de mí tan fácil?—me dice.

—Tú me dejaste—susurro con pesar.

Suspira.

—Lo dije aunque no lo sentí—sonríe tristemente—, solo quería presionarte para que me dijeras lo

que te traías con ese fulano pero agarraste rápido la carrerilla—suspira—. No entiendo por qué no

terminas de confiar en mí. Eso me ha dolido en lo más profundo, Clarissa…

Continúa y su mirada azulada expresa la misma congoja de sus palabras...

—Lo peor es que sé que me mentiste y eso me estaba desquiciando...Yo no soporto las mentiras,

por eso he pasado tanto tiempo sin una relación seria. No doy mi confianza a cualquiera, pero cuando

lo hago, espero lo mismo. La misma entrega.

Otra vez me encuentro sorprendida por la intensidad de sus sentimientos y su capacidad para

expresarlos. Lo hace parecer tan fácil. Y entonces por enésima vez desde que lo conozco debo

concederle la razón. Así que comienzo mi confesión culposa...

Entierro la cabeza en su cuello, no quiero ver su reacción a mis palabras.

—Ese hombre me dijo cosas perturbadoras de mi pasado, antes de estar en la casa hogar.

—¿Qué te dijo?—me dice con suavidad mientras aprieta levemente su abrazo.

—Que vivía bajo un puente, que era una vagabunda que hurtaba carteras y que si no me hubieran

encontrado los de la casa hogar posiblemente fuera una prostituta drogadicta—digo amargamente y

entonces soy yo la que le abrazo más a él.

—¿Y esa vaina te sirvió de algo?

—No—mi voz casi inaudible.

—¿Para que querías saber esas cosas? ¿Tú crees que importa? ahora vas a tener eso taladrándote la

cabeza ¿qué esperabas, encontrarte con tus padres biológicos?

—No sabía qué esperar, pero me sorprende la verdad.

Más que eso tengo un profundo hueco en mi corazón. Ahora hay otro sombrío recuerdo de mi

niñez, en mi aún más gris y deprimente colección de recuerdos.

—No es para menos. Pero el que busca encuentra, ya lo sabes—Toma mi barbilla y la sube para

verme el rostro—. Ya no insistas en tu pasado. Si haces eso pierdes el poder que tienes sobre ti

misma. Debes sentirte orgullosa de lo que has alcanzado a pesar de todo, con ayuda de tu padrino o

no, lo has hecho tú. Porque aceptaste salir de ese mundillo. Aceptaste la ayuda que él te brindó—dice

ladeando su cabeza. Su tono es dulce— ¿Te crees acaso esa niñita desvalida y triste? Esa no eres tú.

Eres una mujer fuerte, luchadora, orientada al logro, agradecida y muchos otros atributos que te

hacen extremadamente adorable.

¡Ay, que hermosas palabras! Estoy sin aliento. En mi vida nadie me había dicho cosas así de lindas.

Solo él. Solo Sebasthian.

—¿Además qué es lo que te aflige, no haber tenido familia? pues ahora la tienes—Le observo sin

entender—. Mi familia te quiere y yo también. Ahora ellos son tu familia.

Sonrío como una niña. Me gusta su familia.

—Ves, ahora eres una niñita consentida y muy querida—me da dulces besitos en la comisura de la

boca.

¡Qué lindo!

Me ruge el estómago.

—Tengo hambre—digo con pesar por que quiero que me siga mimando.

—Vamos a comer, pues—dice levantándose.

Antes de salir me deleito en el hermoso arreglo floral. Las rosas son grandes y con el borde rosa

pálido su aroma es envolvente.

Tomo la pequeña tarjeta:

Perdóname. Te extraño demasiado.

Sebasthian

—¿Te gusta?

—Me encantan. Nunca me habían regalado flores.

Sonríe orgulloso mientras le abrazo. Luego me lleva de la mano a la sala.

—También son para ti—señala con la cabeza el sofá, sobre él reposan un gran arreglo de globos

blanco y plata con golosinas, y un peluchote de lo más tierno.

Ciertamente este hombre me va a malcriar.

—¿Flores, peluches y globos? ¿Acaso te vaciaste toda la tienda?—río incrédula mientras abrazo el

peluche disfrutando de su suavidad. Es un inmenso oso panda.

Él sonríe al verme.

—Es que no sabía qué te gustaba, aún nos falta conocernos—se encoje de hombros.

—¡Que exagerado eres!

Me mira con expresión culpable.

—¿Qué?

—Hay más—dice mordiéndose el labio para evitar reírse.

—¿Más?

—Sí—pone sobre la encimera de la cocina una gran caja de bombones con forma de corazón.

Rompo en carcajadas casi hasta el llanto.

—¿Qué? ¿Tampoco te habían regalado peluches y chocolates? es lo clásico—está sorprendido.

—No—digo limpiándome una pequeña lagrima de mi sonriente rostro.

Toma su barbilla reflexiva. Sus ojos tienen un brillo de triunfo.

—Es que nunca te habías topado con un hombre de verdad, Clarissa; con razón nadie te había

desvirgado—asegura mordaz.

Paro la risa. Pero que pesado ¿por qué ha dicho eso?

—Ya rompiste el encanto.

—¿Qué? Es la verdad.

Tiene razón pero no pienso dársela. Está claro que jamás me había topado con un verdadero

hombre. Así como lo es él, entero de pies a cabeza. Un hombre que puede ser duro y tierno, franco y

astuto, gracioso y exigente, sexy y pueril. Suspiro. Si le hubiera conocido antes seguramente hubiera

caído redondita en sus brazos. Justo como ahora.

Dejo a mi lindo panda de nuevo en el sofá y me siento en uno de los banquillos de la cocina a

curiosear que hace Sebasthian. Él saca una bandeja del aluminio del horno y la coloca sobre el

mesón.

—No me digas que estás molesta por mi comentario. Parece que no soportas la verdad.

Comienza a repartir las porciones en los platos. Parece carne roja con verduras asadas y está muy

jugoso. Ya estoy babeando tanto por el plato como por el que me lo está sirviendo.

—Eres un grosero—hurgo en la caja de bombones.

Ríe

—¿Por decir que te desvirgué?... desflorarte, mancillarte y deshonrarte ha sido para mí un placer.

¿Cuál termino te gusta más Clarissa?—comenta con humor mordaz—. Oh no, nada de postre hasta

después de comer—me quita de la mano el bombón que estaba camino a mi boca y se lo come él.

¡Qué odioso!

—Oye—me quejo.

Coloca en la encimera los platillos ya recalentados en el microondas. Huelen divino, muy a

especias.

—Es cordero, espero que te guste.

—Está delicioso ¿Otro platillo de Carmen?—está tan rico que prácticamente devoro la comida.

Niega con la cabeza

—¿Lo hiciste tú?—asienta con la cabeza altivo—¡Entonces quiero más!

Sonríe complacido. Se ve tan feliz en estos momentos y yo también, al parecer la llantera me sentó

bien. Estoy completamente relajada. Quizá eso era lo que necesitaba, drenar de una vez por todas esa

tristeza de mi interior. Así que después de toda esa locura del rompimiento, el chantajista, la

preocupación por Cata y el rudo forcejeo con encapuchados misteriosos solo queda… tranquilidad.

En mi vida me había sentido así de relajada o como diría Cata con todos mis chacras alineados ¿será

porqué de una vez por todas le abrí mi corazón y expresé mis sentimientos y dudas a Sebasthian?

Seguramente…

—Deja eso ya y ven acá...—dice él aún sentado en el banquillo y yo tan facilona suelto los platos

sucios en el fregadero. En verdad tenía la intención de lavarlos, pero si él insiste… Me le paro al

frente entre sus piernas, toma mis manos y de nuevo me encuentro ante el mar azul intenso de su

mirada—. Te eché en falta anoche. No sabes lo fría que estaba mi cama sin ti. Me parece que ya no

podré volver a dormir solo. Por tu culpa.

Me tiemblan las piernas.

—Que cosas dices.

—No te estoy mintiendo Clarissa. Nunca me había pasado algo así. Extrañé hasta tus patadas de

medianoche. Creo que deberías entregarle el apartamento a tu padrino y venirte a vivir acá.

¿Irme a vivir con Sebasthian? esto está pasando demasiado… demasiado… demasiado rápido.

—No pongas esa cara de susto. Mira, es lo natural. Yo no quiero que te vayas y tú tampoco te

quieres ir ¿verdad? Lo sé, estoy comenzando a comprender tus reacciones y hace un rato cuando

llorabas todo eso que me dijiste me demuestra que en realidad quieres estar conmigo; que no es solo

sexo. ¿Entonces para qué dilatar el asunto? si sabes que tarde o temprano va a pasar.

¡Coño!, ¿por qué tiene que ser tan bueno para persuadir? justamente me tenía que encaprichar de un

experto en el arte del convencimiento.

Madre mía…

Otra vez estoy acorralada.

—No, Sebasthian, no insistas.

Me hace un mohín. Como me enloquece cuando hace eso.

Suena su teléfono con un timbre genérico. Contesta de inmediato tomándolo con una mano pero

sin soltarme la otra.

—Petroni... ¿qué averiguaste?...ajá...rómpelo... ¿y los otros?... ¿qué dijo el huevón?... ¿estaban

implicados?.. Entonces... ¿Qué coño?... ¿Ah sí?... Sabes que hacer—mientras hablaba me he quedado

hipnotizada, su rostro iba de la sorpresa a la firmeza y finalmente a la ira. Cuelga.

—¿Qué pasó?—me atrevo a preguntarle porque se ha quedado muy quieto de repente como

inmerso en su intensa actividad mental.

—¿Qué te dijo Leonardo?

—Lo que te comenté.

— ¿Te dijo por qué te estaba chantajeando?

—Bueno, dijo que era algo que él sabía hacer. Que era su costumbre o algo así—Sebasthian se

rasca la nuca—. ¿Por qué? ¿Qué pasa?

—Parece que tu amiguito trabaja para alguien... Alguien que conozco.

—¿Te refieres a que esto que pasó hoy tiene que ver contigo?

—Sí...—se ve decaído—me temo que ese susto que pasamos se debe a mí al fin de cuentas.

—¿Por qué te pones así? No es tu culpa—Coloco mis manos en sus hombros y le digo dulcemente

—. Además me salvaste y también lo hiciste cuando me atacó el acosador, y ese no tenía nada que ver

contigo.

—Sí cielo, pero no será la última vez que te veas en peligro por mi causa. Me temo que mi

candidatura le ha dado la espina a más de uno. Te he puesto en peligro...—dice cabizbajo.

—¿No pensarás dejarme otra vez?—me observa como si eso fuese justo lo que estaba pensando.

Me entra el pánico.

—¿Vas a dejarme?—mi voz sube unas octavas.

No… no… no… ¡Sebasthian no lo hagas!

—Pues no te dejaré hacerlo. Ahora no me voy de aquí—digo obstinada cruzándome de brazos.

—Clarissa, entiende, esto es muy peligroso… yo... lo mejor es que te alejes de mí.

—¿Y qué te garantiza que no vuelvan a intentar raptarme?—él cierra los ojos como para apartar

esa odiosa idea—. Ya no puedes dar marcha atrás. Además, me prometiste que no me dejarías nunca

¿o es que tú no tienes palabra?

No me contesta. ¡Como todo político promete cosas que después no puede cumplir! ¡Maldición!

¡No le voy a permitir dejarme!

—¡Juro por Dios Petroni que si te vuelvo a mandar a la mierda no te voy a perdonar así me

compres todos los putos peluches, flores y chocolates del país!—me mira triste y confundido como si

soportara un enorme peso sobre sus hombros. No parece el Petroni que conozco. No soporto mirarlo

—. Es más me voy al cuarto. No quiero verte más así de deprimido. No te reconozco—cojo la caja de

bombones y en el trayecto el peluche.

****

Llevo un rato recostada sobre los brazos de mi inmenso panda, en la cama de Sebasthian,

saboreando los deliciosos bombones. Estoy entregada a este pequeño placer. Sebasthian es, sin duda,

un hombre muy romántico. Todavía no me la creo...

Así que me piensa dejar por miedo a mi seguridad... Rápidamente me quito los pantalones y la

blusa colocándolos en la silla, quedándome solo en un lindo bóxer de algodón. Bueno, veremos si

me va a echar a la calle en bragas... vuelvo a recostarme con dos de mis regalos favoritos.

Entra a la habitación y se para de sopetón. Yo me meto a la boca un bombón de manera sugerente.

Así que piensas dejarme... Suerte con eso querido...

Se acerca a la cama y se sienta en una esquina de la misma observándome muy bien...

—Tienes una boquita muy sucia me parece que te has ganado unas cuantas nalgadas—mira mi

trasero con anhelo pero pronto desvía su mirada a mi rostro y continúa con más seriedad—.

Francamente me disgusta que te dirijas a mí en ese tono. No es propio de una dama.

Ay, pero que seriedad.

—¿Qué Petroni me vas a castigar?— le digo juguetona.

—No en este momento...—dice pensativo—Estaba pensando que podríamos seguir juntos, pero

tendrías que hacer unas cuantas cosas...—se pasa ambas manos por los muslos un poco ansioso creo

—. Vamos a inscribirte en un curso de defensa personal y en otro de tiro defensivo—me mira

expectante, no hago gesto alguno porque la idea no me sorprende, él ya me había dicho que quería

entrenarme en tiro al blanco antes, y lo de defensa no me parece mal. De hecho me parece muy útil y

acertado dada la situación—Clarissa tu vida va a cambiar.

—Ya cambió—...desde el día que le conocí dio un giro de 180 grados.

—Además deberás llevar un escolta. Nunca podrás salir sola ¿Estás segura de que quieres esto?—evalúa mi rostro buscando señales de duda, transpira nerviosismo.

En segundos coloco en un lado de la balanza imaginaria: defensa-tiro-escolta y del otro lado a

Sebasthian. La balanza se precipita abruptamente hacia un lado. Sebasthian. Esa es mi única opción.

Asiento con mi cabeza.

—¿Sabes que debes entregarle el apartamento a tu padrino, verdad? ¿Quieres que te acompañe?

Sebasthian y mi padrino otra vez enfrentados. Caray, otra vez los dos leones van a pelear por su

territorio.

—Este... podemos esperar para hacer eso... No tenemos que hacerlo justo ahora—Podría postergar

ese encuentro eternamente.

—Estas dudando ¿verdad? ¡Lo sabía!—niega con la cabeza, consternado—. No tienes porqué pasar

por esto.

—Bueno, hubieses pensado eso antes de arrinconarme en un baño de hotel, me parece que ya es

tarde ¿o eres tú el de la dudas?—digo con el rostro apoyado entre mis manos.

—Temo que te pase algo por mi culpa—me ve con ojos tiernos.

Me parece tan vulnerable que no puedo resistirme y me pongo de pie frente a él tomo su cabeza en

mis manos.

—Si me dejas sola y me pasa algo, entonces será tu culpa.

Le abrazo colocándole el rostro en mi generoso busto, siento su sonrisa en mi piel.

—Acepto tus condiciones así que ya cambia la cara—le acaricio el cabello para calmarlo—. Tienes

3 remolinos, dicen que los niños que tienen remolinos son tremendos, seguramente fuiste el triple de

tremendo.

—No lo sé, nunca me castigaron—dice ahora más tranquilo.

—Me parece que la Sra. Agresti te malcrió de más.

Ríe

—Fui el último de mis hermanos, así que sí, todos me malcriaron.

Otra vez esos hermosos ojos azules me sonríen.

—¡Ay!... ¿quieres que te consienta bebé?—le susurro provocativa.

—¿Me vas a consentir mami?—contesta con picardía.

—Solo si te portas bien—le doy un beso dulce y consentidor.

Sin previo aviso me toma de las piernas y en un rápido movimiento terminamos en la cama, él al

lado mío. Ahora su mirada es oscura e intensa.

Pasea una mano por mi vientre...

—¿Y si...—...desliza esa mano dentro de mis bragas—...me porto mal?—jadeo al sentir sus dedos

dentro de mí.

—Mmm...Ya veremos.

—Eres una niña traviesa...quien lo diría...

Y así me posee de nuevo, varias veces, como solo él sabe hacerlo. Con su boca, con sus manos,

con su potencia, con sus palabras. Hablamos. Nos besamos, nos entregamos por entero

prometiéndonos tantas cosas…Oh Sebasthian como me haces sentir… Soy tuya… completamente

tuya… Lento. Suave. Rápido. Duro… Estamos calientes, jadeantes pero seguimos, no podemos parar

de tocarnos, de besarnos y sentirnos como si de eso dependerá nuestras vidas…Quédate conmigo

Sebasthian… Ámame…Ámame… ¡Ay!

—Te amo—me dice inmediatamente después que hemos alcanzado el clímax juntos. Me tiene

abrazada con sus manos enredadas en mi cabello. Escuchar esas palabras de su boca me produce una

inmensa felicidad, mi corazón baila en mi pecho. Le sonrío y estrecho nuestra unión. Así nos

quedamos un rato…

Voy a quedarme contigo Sebasthian… No pienso irme a ningún lado… Voy a dejarme querer por

ti…

Sí.

Ya no dudaré… Ya no huiré…

Porque sé lo que quiero:

A ti.

El chantajista

¡Qué mierda!

Tengo todas las todas botas llenas de lodo. ¡Ando arrecho! Llevo días caminando sin rumbo en este

infierno plagado de humedad, calor asfixiante y más lodo. Esos malditos militares me lanzaron aquí,

en medio de la selva, a modo de advertencia. Mi risa irónica solo llega a mis oídos. Estoy solo. Hace

días me ilusionaba la idea de salir de Venezuela con los bolsillos llenos de dinero. Esa gente de

cuello blanco me iba dar una buena pasta por la mujercita esa, la Malambú. Pero no sé cómo la

jugada se me cayó tan rápido... No tengo idea.

Ni tiempo me dio de cobrar la plata. Sin embargo, aunque no pueda volver a Caracas (porque me

tienen sentenciado esos militares con su jefecito) puedo todavía ganarme una platica con lo que tengo

de su pasado. Parece que ahora se ha vuelto famosa, gracias al noviecito ese que tiene.

¡Este calor de mierda!

La plaga me está matando. Mis pasos se hacen cada vez más pesados debido la capa de lodo que los

cubre y todavía ni rastro de gente.

¿Qué voy a hacer ahora?

Me jodieron la maldita Malambú con su noviecito, ya no puedo ni dar clases, ni vender mi poquito

de coca ni marihuana, porque no puedo acercarme a la Capital. Se me cayó el negocito...

Y qué decir del culito que dejé... Catalina Expósito...

Tenía muchas ganas de follármela, pero ni chance me dio. Quería que nos conociéramos mejor.

Lástima. Lástima. Lástima.

A pesar de todo no estoy dispuesto a dejar caer el negocio con esos chivos grandes, estoy seguro

que pueden protegerme del noviecito de Malambú. Apenas sepa donde carajos me dejaron y halle un

teléfono me comunicaré con ellos. Sí señor. Ellos arruinaron mi fiesta… Entonces, también les

arruinaré la suya.

No en balde me llaman Leo, el escurridizo…

SEBASTHIAN

Viernes 09 de Enero

"Adorable damita"

Otra vez aquí, acompañado de una modelito. Más de lo mismo. Mientras la observo de reojo me

debato si llevármela o no a la cama, para desahogarme un poco; sé que no sería tan difícil una que

otra palabra bien dicha y está la jugada. Exhalo. En este momento mi mente no está para eso, ha sido

un día largo. Hoy por poco me voy a las manos con el idiota de Carreño. Un verdadero mierdica sin

duda. Hemos estado discutiendo una ley para favorecer la producción nacional en el sector agrícola y

el muy pendejo salió con más de la misma perorata con que han salido los del gobierno; cuando

intervine me tildó—como suelen hacerlo para desestimarme—de oligarca y burgués. El adjetivo me

parece de lo más gracioso viniendo de ellos que lo único pobre que tienen es el vocabulario.

—¿Quieres tomar algo?—le pregunto a la modelito de turno.

—Sí, gracias—aletea sus pestañas y más que deseo lo que siento es hastío, esa es una escena

repetitiva en mi vida, solo cambia la actriz.

—Vuelvo en un momento—me dirijo a la mesa de bebidas.

Mi mente comienza a trabajar en otra intervención que podría hacer el lunes con respecto a esa ley.

Me parece odiosa y fantástica dada la situación de nuestras arcas, la fantasía revolucionaria se está

llevando el buen juicio del Parlamento por los cachos; sin duda, estoy agradecido que el presidente

de la Asamblea no sea un adepto al gobierno como lo era el anterior. Con el anterior el país se fue a

la mierda en cuanto a las leyes se refiere.

Tomo la copa de vino espumoso y me dirijo a la modelito que me acompaña hoy. Pero me paro en

seco cuando veo entrar a una dama tomada del brazo del Dr. Spillman. Ella sin duda es una dama,

muy joven por cierto, pero se ve bien educada.

—¿Eso es para mí?—asiento distraído y le doy su copa sin quitar la mirada de esa joven mujer.

¿Por qué nunca le había visto en ningún evento? ¿Será hija de ese Dr.? Nada en su conducta me da

pistas de qué tipo de relación tienen ellos, lo que si noto es cierta ansiedad de su parte. Sonrío. Cada

vez que la detallo se me parece más a una niña. No sé por qué, pero no puedo dejar de mirarla, es

curioso creo que eso no me había pasado nunca. Y eso que me he cansado de ver mujeres hermosas y

emperifolladas. Ella tiene algo que me cautiva. Definitivamente quiero conocerla.

—Gracias por acompañarme pero será todo por hoy, mi chofer te llevará a donde necesites— le

digo para deshacerme de la modelito, lo menos que quiero es darle mala impresión a mi joven dama

misteriosa.

—Gracias diputado cuando quiera—dice educada aunque sospecho que no he estado a la altura de

sus expectativas. Bueno, lo lamento, pero hoy no estoy de humor para sus implantes de silicona.

Cuando vuelvo la mirada me sobresalto, no veo a mi damita. Espero que no se haya ido. Eso sería

catastrófico. Con un poco de impaciencia recorro el lugar tratando de evitar a la gente que me saluda

e intenta entablar conversación. No estoy de humor para eso. Necesito verla ¿dónde estás princesa?

Me entra el alma al cuerpo cuando la veo en la terraza tomando fresco. Incluso por detrás me parece

que el vestido no le puede calzar mejor en ese cuerpecito.

Me escabullo con el sigilo de un gato hasta quedar casi a su lado separados por unos pocos metros.

Quiero verla bien. Mis ojos bailan por su perfil, pestañas largas, naricita perfilada y unos labios

carnosos. Me gusta esa larga y abundante melena castaña que roza su busto.

En definitiva, es la criatura más adorable que he visto en mi vida. Esto es gracioso, casi hilarante,

¿cuándo carajos he pensado yo que una mujer es adorable? Cogible sí, atractiva quizá, buen culo

seguramente, buena cama o traviesa. Pero adorable ¿es en serio? me rasco la cabeza un poco

confundido ¿qué me atrae tanto de esta jovencita? quizá este fantaseando, colocándola en un pedestal

cuando segura...

Mierda.

Exhala hipnotizada con el atardecer, y su rostro me parece el de una princesa en un cuento de

hadas. Quiero tocarla a ver si es real o solo imaginaciones mías, de pronto me siento en un sueño.

—Hermosa—verbalizo sin darme cuenta y ella dirige su mirada hacia mí por primera vez.

Se me escapa el aliento, esos ojos son hermosos.

Su lenguaje corporal me dice que la he pillado desprevenida. Me echa un vistazo. ¿Te gusta lo que

ves princesa? Sonrío perfectamente consciente del efecto que causo en las chicas. Vamos a ver qué tan

dama eres pequeña.

—¿Le gusta? tengo una vista parecida desde mi apartamento—rápidamente me esquiva la mirada y

se centra en el paisaje, y estoy consciente de que lo hace para evitarme, así que...

—Sabe pero disfruto más los amaneceres son más...excitantes—insisto en mi insinuación.

Ella se gira, boquiabierta y sus ojos bailan en mí. Creo que hasta ahora no me había visto bien. Su

cara es una oda a la indignación virginal, me resulta divertida.

Que linda.

—Hola—le digo.

—Hola—contesta recelosa y su voz también me resulta adorable ¿quién lo diría?

—Sebasthian—le tiendo la mano ya que me muero por tocarla.

—Clarissa Spillman.

Apenas siento su contacto me invade una efervescencia jamás sentida antes. Su mano es

increíblemente suave y me pregunto si toda ella es así de acariciable. Me niego a soltársela.

—Clarissa...un verdadero placer conocerte—mi voz me delata, estoy cachondo. Como si mi mano

estuviera adherida a la suya me resulta imposible soltarla y para colmo mis ojos se clavan en los

suyos. Es demasiado evidente. No puedo disimular lo mucho que me ha impactado.

—Clarissa veo que conociste al diputado Petroni, ten cuidado, tiene fama de ser gigoló—dice el

Dr. Spillman, ese pendejo se tenía que aparecer justo ahora—Diputado—me tiende la mano y reacio

debo soltársela a Clarissa.

Así que soy un gigoló ¿eh?

—Dr. Spillman no sabía que tenía una hermosa hija—le digo a manera de juego, después de todo

nos pilló tomados de manos.

—Ahijada—dice en un tono displicente—. Si me disculpa—la toma del codo arrancándola de mi

lado; a lo lejos lo veo murmurándole algo al oído, que no alcanzo escuchar pero puedo imaginar.

Pasa un mesonero y tomo un vaso con whisky helado, vacío un trago. Ese encuentro me ha dejado

picado. Me gusta Clarissa.

Estoy un rato en la terraza tratando de aclarar mis ideas. Cómo podría acercarme de nuevo a esta

chica. Aunque parezca increíble estoy nervioso. Si me rechazara sería un fuerte golpe a mi ego,

generalmente las mujeres se me lanzan a los brazos, difícilmente hallo resistencia. Pero esta

princesita pareciera que me ha volteado la tortilla y el pendejo de Spillman ni me ha dado tiempo de

averiguar si por lo menos le intereso.

Como nunca me he considerado ni cobarde ni pelele me armo de valor y me adentro en el salón

para ver a Clarissa. Sondeo el espacio y la encuentro con Spillman y otros conversando. Se le nota

que está un poco perdida, como que no está en lo suyo. Sin embargo me parece que tiene gestos muy

propios, sin duda ha sido bien educada. «Clarissa...Clarissa mírame bebé» repito una y otra vez en mi

mente a ver si por telepatía me alcanza a escuchar. Necesito un indicio de que te gusto. Como una

suerte de sortilegio surte el efecto y ella me ve. Su mirada ambarina se encuentra con la mía y no la

rehúye, quizá la distancia le da el valor de retarme. Bebé si supieras no me retaras así. Un cosquilleo

sabroso sube y baja por mi espalda a medida que recorro el salón y nuestros ojos se encuentran.

—Diputado—me dice el gobernador que habla hasta por los codos.

Sorry man estoy en algo más estimulante.

—En un momento— le digo y me doy la vuelta ¿dónde está mi nena?

Ella me sonríe picara y ahora más que nunca me parece una niña traviesa... esa idea me resulta

extremadamente estimulante. Se da la vuelta y voy detrás de ella como vaca al matadero solo para

descubrir que ha entrado al tocador. ¿Está jugando conmigo o es una invitación? No lo sé, pero me

quedo plantado en la puerta, de aquí no me mueve nadie. No sé cuánto tiempo pasa cuando se abre la

puerta y la veo. Es más impresionante de cerca. Hipnotizado por su presencia la voy empujando con

muchísima suavidad dentro del tocador de nuevo, mi mano en su vientre. Le paso pestillo a la puerta

sin dejar de mirarla...

Clarissa... Clarissa... te salvarás de cualquier cosa menos de mí.

La voy llevando muy suavemente hasta adherirla a la pared. Estoy esperando que diga algo,

cualquier cosa, que me detenga. Pero no. Ella también ansía mi contacto puedo verlo en su mirada

anhelante. En mi vida había deseado tanto tocar a una mujer. Quisiera...quisiera...tengo la respiración

alterada y debo recordarme que ella es una dama...una muy bella dama por cierto.

Me inclino sin apartar mi ojos de ella y con toda la sutileza que me es posible comienzo a besarla,

primero besitos sutiles dulces en sus labios. Ella cierra los ojos y se deja besar, sus brazos cuelgan a

cada lado de su cuerpo. Jadea y mi lengua busca explorar su dulce boca. Oh mi Dios esto debe ser el

Cielo. Me deleito lentamente en su sabor y descubro que su lengua sigue mi ritmo bailando una danza

extremadamente sensual. Me ha hechizado su vulnerabilidad. Deseo tocarla pero no quiero

violentarla tan solo me permito pequeños y fugaces roces por su barbilla y sus brazos. Ella es tan

suave. La piel más suave que he tocado. Quisiera...Quisiera más.

Retiro mis labios de los suyos en un intento por lograr algo de autocontrol. Y me descubro

observándola fascinado como la que está en una ensoñación. Tiene el rostro de un ángel. Abre los

ojos y me ve. Acerco mi nariz a la suya y le sonrío. Me gustas mucho niña.

Se le escapa un suspiro y esa es música para mis oídos.

—Delicioso—acierto a decir con voz ronca.

La aprieto contra mí para grabar su calor en mi cuerpo y me retiro. Temo que si no salgo ahora de

este baño, mañana apareceré en los periódicos como el diputado violador de jovencitas en baños de

hotel. Antes de irme le lanzo una última mirada y me sorprende ver que la chica no ha movido ni un

dedo desde que me separé de ella.

Eso es Clarissa recuérdame...

Porque te salvarás de cualquier cosa menos de ser mía...

Sábado 10 de Enero

“Vaticinio”

En la cocina de la mansión Petroni, estamos sentados conversando después de una comida, mis

hermanos y yo. Solemos reunirnos los fines de semana y ponernos al día.

—¿Y hasta cuando vas a seguir viviendo esa vida loca que llevas? Hombre, ya deberías enseriarte

—dice mi hermano Bruno sermoneándome por enésima vez a raíz de ver mi foto en el periódico con

la modelito de anoche—. No hay manera de seguirte la pista.

Me echo a reír.

—Y por qué habría de hacerlo si me la paso tan bien.

Mentira, hace rato que ando aburrido.

Un paño de cocina vuela hasta mi cara, cuando cae veo a mi hermana Celeste con mirada de

reprobación.

—Mica, estas pasado de sinvergüenza, tú no eras así ¿qué pasó con mi hermanito sentimental?

—Querrás decir llorón—le sigue la pista Bruno.

—Ni lo uno ni lo otro, ahora soy duro como el acero—hago un gesto con el brazo y a Bruno no se

le escapa el doble sentido.

—Sobre todo con las señoritas—dice Bruno socarrón.

—Mica, ya está bueno, a mi tú no me engañas, hace años que estás en automático. Tienes que

buscarte una chica que te despabile. Ya han pasado 5 años...Tienes que seguir con tu vida.

¡A la mierda! acaso Celeste ha sacado el tema a colación. El tema del que le prohibí hablar después

de confesarme con ella.

—Por mí que pasen 5 más—mascullo alejándome de la traidora de mi hermana, sintiendo el filo

del puñal en mi espalda.

Cómo se atreve a recordarme a esa puta. Todavía siento la ira hervir mi sangre como si fuera ayer.

El chico sentimental, el tonto Mikael, se fue, ya no está. Ahora solo está Sebasthian Petroni, el

poderoso, el manipulador, el conquistador.

Siento una mano en mi brazo.

—Perdóname Mica, no lo dije a propósito—dice Celeste con cara de preocupación y acto seguido

me da un abrazo, lo cual no me sorprende para nada. Por algo le dicen Cielo.

—Solo no te portes muy mal ¿sí? —me aprieta las mejillas y me siento de nuevo un crío, escondo

mi rostro en su cuello, ella rasca mi cabello con las uñas. Eso me relaja. Ya la he perdonado.

—Lo intentaré—le prometo en vano porque sé que el mal está hecho.

Esa puta me dejó hecho polvo hace años, cuando tan solo era un chico. Me le fui con todo como un

caballo desbocado confiando en su amistad y en el renombre de su familia. Cuál no sería mi sorpresa

al descubrir, que la fulana, era una loba disfrazada de oveja. Su hermosura y candidez aparente me

tenían encandilado.

—Ay, consintiendo al bebé— se burla Bruno al vernos.

—Y tu envidioso—digo con cara de niño.

¿Qué hay de malo en que me consientan de vez en cuando?

Nada, nada en absoluto.

Escuchamos que se abre la puerta principal y un tropel de pasos y sé que han llegado. Nos

dirigimos a su encuentro y primeramente como dos balines se me lanzan los mellizos.

—Tío, tío—al ver sus rostros sonrientes recuerdo a Clarissa y me permito pellizcarles la nariz—¡Au, tío, no! — se quejan ellos, este es uno de los mimos que ellos odian luego les hago el siguiente

mimo que ellos aborrecen: apretarles sus cachetotes como lo hizo Celeste conmigo.

—Hola enanos—

—Tío— chillan y se van sobándose las mejillas.

Levanto la vista y veo a mi mami con Nana. La lleva con cuidado del codo como el precioso tesoro

que es. Al verlas a ellas vuelvo a pensar en Clarissa y en la palabra adorable. Sin duda mi mami y

Nana son adorables para mí. Más que adorarlas las venero, todos mis valores y enseñanzas provienen

de ellas. Me les acerco y tomando por la cabeza a mami le dejo un besito en la frente y deslizo un

brazo de apoyo a mi querida Nana. Ella me sonríe arrugando su cara y a pesar que los años le han

surcado el rostro es como la sonrisa de un niño. Le sonrío también invadido de ternura.

—Hola Sebas, estás muy guapo hijo y fuerte.

—Porque hago ejercicios Nana.

—Ah...—me observa con esos ojos escrutadores que tiene—. ¿Conociste a la niña?—La miro

extrañado—. La niña que te dije, la de los ojitos color miel.

¿Quién Clarissa? ¿Nana ya había vaticinado nuestro encuentro? Espero que su tercer ojo no nos

haya espiado cuando nos besábamos en el baño. Eso sería incómodo.

Entorna sus ojitos que ahora parecen dos alfileres.

—¡Ajo, nana, no te cansas de un chisme!

—Te noto diferente hijo...Pero te doy un consejo, si quieres algo con ella vas a tener que armarte

de paciencia...—¿Por qué me dice eso? ahora la curiosidad me mata.

—¿Y eso por qué Nana? —pregunto ya que no puedo disimular mi interés.

—Bueno, porque ella es diferente a ti.

—¿Diferente cómo?

Me ve y estoy consciente de que está divertida a mi costa, ya sabe que estoy pillado con Clarissa.

—Ella no conoce el amor—dice solemne y ahora quedé aun con más dudas que desde el principio.

—No te entiendo nana.

—Ya lo entenderás.

Mierda. Ya no me va a decir más nada, lo sé, se acabó la lectura del futuro.

La deposito en una silla y me quedo parado a su lado, a ver si se apiada de mí y me dice algo sobre

la bella damita de ayer. Pero no, ella descansa su cabeza en el respaldo de la silla y no tarda en

dormirse. No sé por qué me sorprendo, le encanta el suspenso, suele soltar sentencias futurísticas y

dejarte en ascuas. Dice que solo orienta que a nosotros nos toca elegir nuestro destino. Es astuta la

condenada, ya sé de donde me salió lo taimado.

Saco mi celular y marco el número de López.

—López, necesito que me averigües todo sobre la Srta. Clarissa Spillman.

— ¿Clarisa con una s?

—No lo sé, pero Spillman con dos l, dame lo que consigas.

—No problem.

—Y ¿qué has averiguado de los rumores del narco?

—Todavía no sé quién los inició, pero estoy en eso.

—Bien te dejo esos encargos, el de Clarissa lo antes posible.

—Seguro.

Lunes 12 de Enero

"Soberano lío"

Ya está. Estoy aquí, de pie en el umbral de mi bella damita misteriosa. He estado en vilo desde que

nos dimos ese delicioso beso en el baño. Solo de recordarlo se me eriza el vello del cuerpo. Me da

risa, esa niñita es una psicóloga. La observo y está sentada en su escritorio escribiendo no sé qué cosa

de algún paciente loco seguramente. Mis recuerdos no le hacen justicia. Es demasiado adorable. Me

parto de la risa pensando en el significado de esa palabra y porqué mi mente ha decidido elegirla

para describir a esa criatura. Es difícil decir que yo haya adorado a una mujer en mi vida, querido

seguramente una vez. Pero en estos últimos años he optado por solo vivir el momento y eso no es

secreto para nadie. Para colmo tiene el tic de juguetear con su cabello, lo lleva trenzado lo cual me

parece original, las chicas no lo suelen llevar así. Mira su reloj y levanta su mirada hacia mí.

Hola bebé.

Se sobresalta.

—Es curioso, no la imaginé como una Dra.

—¿Cómo?—no puede ocultar su sorpresa.

Acorto la distancia entre nosotros y aunque deseo besarla de nuevo me contengo y elijo sentarme

en uno de los sillones.

—Bonito despacho—lo digo como para romper el hielo, el despacho no tiene nada de especial. Me

atrevo a apostar que no lo decoró ella—. He venido a que me dé una cita.

Ella abre y cierra la boca aunque no alcanza a decir nada. Parece que se sorprende con facilidad.

¿O será que la pongo nerviosa? La idea me agrada.

—¡Issa, no vas a creer lo que me pasó!... —escucho una voz chillona a mis espaldas y es otra niña

ataviada con vaqueros y camiseta—. Hola—me dice y luego sus ojos marrones y vivarachos se

convierten en dos naranjas redonditas—. Pero si eres tú ¡¡ el político sexy!!—chilla sacudiendo su

cabeza con entusiasmo.

Político sexy ¿eh?

Observo a Clarissa que rápidamente se ruboriza y fulmina con la mirada a su amiguita, la cual me

ha caído bien instantáneamente.

—Hola—le digo sonriente y le tiendo la mano ¿serías mi secuaz?—. Sebasthian.

Ella acepta mi saludo con entusiasmo. Ahora al grano mi niña.

—Me preguntaba si le gustaría acompañarme en la cena—«con derecho a desayuno» le digo a

Clarissa pero antes de tener respuesta de ella chilla su amiga.

Yo soy tu candidato: Romántica y apasionante historia de amor parte 02

 


****

Más tarde en su apartamento.

—¿Y ahora cómo voy a hacer con ese acosador?—digo preocupada.

—Bueno, aquí puedes quedarte. Conmigo. Digo, hay mucho espacio en mi apartamento, suficiente

comida… yo...—dice como quien no quiere la cosa.

—¡Por supuesto que no!—salto ¿cómo se le ocurre?

—¿Por qué no?

Si... ¿por qué no?

—Bueno, porque no te conozco.

—¿En serio?—otra vez divertido a mi costa—. Se me ocurren unas cuantas formas en que podrías

conocerme mejor.

—Además, no quiero importunarte, Sebasthian. Me refiero: eres un hombre joven, soltero...

—¿Sigues pensando lo mismo que te dijo tu padrino verdad? A pesar de que te lo aclaré.

—Me refiero, tú tienes tus necesidades y nosotros...

Nosotros ¿qué somos nosotros? Me inquieta la pregunta. Ni siquiera me atrevo a cuestionarme a

mí misma. Estoy un tanto superada por los acontecimientos de los últimos días y mi lógica habitual…bueno ¿adónde carajos se habrá ido?

—Por eso lo mejor es que te quedes aquí, es lo lógico ¿no te parece?

¿Lógico? Me despedí de la lógica desde que le conocí. Eso seguro.

—Yo voy a estar más tranquilo. Las huellas que hallamos en tu casa no coincidieron con ninguna,

estamos en blanco en cuanto a quién puede estar acosándote.

—O sea, que la persona que me sigue, no tiene antecedentes.

—No.

—Quizá es la primera vez que hace eso—reflexiono para mí misma.

—Yo no me fío de eso.

—Y podrían tardar en dar con él o ella, quizás semanas, no sé.

—Quédate. Por mi está bien—sonríe de oreja a oreja.

—Yo no podría hacer eso Sebasthian. No me parece correcto.

—¿Y exponerte al peligro sí te parece correcto? No veo cual es el problema.

—Eso disgustaría mucho a mi padrino—me excuso. La verdad, me vale lo que piense él. Después

de todo, su refrán siempre ha sido: <<piensa mal y acertarás>>... y por lo general acierta.

—Clarissa, eres una mujer adulta ¿qué te pasa? ¿Por qué le das tantas vueltas? Por mí encantado

que estés aquí.

Pero sé que yo sí estaría expuesta, como nunca antes. Como nunca lo he estado. Ya le entregué

gustosa la llave de mi cuerpo, pero nada más ¿verdad? Necesito mi espacio.

—¿Tanto te incomoda la idea de quedarte conmigo?—está consternado.

—Es que estoy acostumbrada a mi independencia, a mis cosas.

—Podrías traerlas.

Le miro ceñuda.

—Eres insistente ¿eh?

—Y muy persuasivo—me obsequia una sonrisa lobuna pero como sigo ceñuda él claudica—. Está

bien "Srta. Evasivas" será como quieras. Mañana temprano te llevaré. Pero te mantendré vigilada. Es

una verdadera lástima. En lo que a ti respecta me encantaría tenerte de manera ilimitada... veremos

qué puedo hacer contigo en tan corto tiempo...

Me atrae hacia él envolviéndome en su abrazo, besándome el cuello...y yo caigo de nuevo en su

erótico hechizo...

Jueves 15 de Enero

“De patitas en la calle"

Los hombres que trajo Sebasthian son todos unos manitas, rápidamente montan el sistema de

alarma e inspeccionan las entradas, colocando unos pestillos especiales.

—Sebasthian, no es necesario que te tomes tantas molestias por mí.

No estoy acostumbrada a tanta atención, creo que hasta me incomoda.

— ¿Quién dijo que eran molestias? Lo hago encantado de la vida.

—Hemos asegurado puertas y ventanas, el sistema de alarma avisará si se fuerza alguna entrada—dice uno de los hombres que trajo Sebasthian mientras se retiran.

—Toma, esto es para ti—me entrega una bolsa y yo frunzo el ceño al ver el contenido—. Gas

pimienta y una pistola de descargas eléctricas— me explica.

—¿No tienes una granada? podría necesitarla—añado sardónica.

—Espero que no tengas que usarlas, pero necesito saber que puedes defenderte. Clarissa, creo que

no puedo ser lo suficiente enfático para decirte, que necesito que lleves esto a todas partes y estés

atenta, muy atenta. No se te ocurra apartarte del teléfono—en un tono más dulce ladea la cabeza—. Si

quieres me quedo contigo hoy.

Seguro lo hace solo por mi seguridad.

—Bueno—digo un poco tímida pero encantada.

Me estampa un beso.

—Bien. Entonces nos vemos más tarde, he de ir a trabajar.

****

Decido cambiarme la ropa y opto por una blusa suave de estampado de hojas otoñales sobre fondo

blanco, de cuello Mao y mangas cortas, un vaquero y sandalias altas con tacones de aguja. Cojo mi

bolso e introduzco las dos armas defensivas—que me dio cierto diputado sobreprotector que

conozco íntimamente—no sin antes examinarlas. ¿Por qué se sentirá obligado Sebasthian ocuparse

así de mí? Bueno, debo admitir que es halagador.

Suena el timbre ¿quién será?

—Srta. Spillman, venimos a escoltarla a su trabajo—dos efectivos de la fuerza policial parados

ante mí.

Escolta policial ¿pero qué diablos? ¿Ni que yo fuera qué?

«Clarissa yo conozco, gente es lo que hago» Las palabras de Sebasthian se cuelan en mi mente y se

ríen de mí. Bueno, pues claro que el sobreprotector diputado conoce a la policía y hace uso

indiscriminado de ella. La verdad, si lo pienso bien, no me molesta, me divierte, y el hecho es que me

evitan pasar dos horas dentro del tráfico infernal. Podría acostumbrarme a esto...

****

Son la siete y media, ya se ha levantado la noche en Caracas y aún la vida pulula, y continúa

enérgica en las afueras de mi apartamento. Sebasthian examina mis escasos retratos dispuestos en la

mesita de la sala. Mientras yo termino de finiquitar lo que vendría siendo nuestra cena.

—Me gustaría conocer a tu familia. ¿Viven en la zona? No me has hablado de ellos—comenta en

tono despreocupado.

Inmediatamente me pongo tensa. Me quedo en silencio un buen rato, minutos que parecen eternos.

Esto es un tema escabroso para mí. Yo no tengo una familia, como él la tiene; soy una tabla en

blanco. Como siempre que pienso en eso hago una mueca de dolor. Bajo la cabeza.

— ¿Qué pasa?

—No tengo una familia—le suelto de repente un poco avergonzada, me volteo para mirarle.

Me mira perplejo. No se esperaba eso.

Me explico.

—Sebasthian, pasé mi vida en un orfanato. Nadie nunca me adoptó—me encojo de hombros—. Por

ende no tengo familia.

Ya está, lo dije, algún día iba a saberlo. Me resulta imposible seguir evadiendo ese tema con él,

considerando, lo lejos que hemos llegado.

—Ah. ¿Vives aquí sola?—continúa inspeccionando mi apartamento como si nada, su reacción me

destensa un poco.

—Sí, la mayoría del tiempo, a veces viene Cata a hacerme compañía.

—Hoy te la hago yo—dice satisfecho—. Tranquila, no te pierdes de gran cosa. ¿Puedo poner algo

de música?

—Claro,—me contenta que cambie de tema—me gustaría mucho.

Enciende el equipo y coloca la lista de reproducción automática, pronto suena la canción del grupo

Camila "Bésame", se me acerca por detrás y nos mecemos al ritmo de la canción. Me voltea y me

besa larga e intensamente mientras nos lleva al sofá, donde me tiende con cuidado, él sobre mí.

Bésame así sin compasión dice la canción y así lo hace él. Yo respondo en forma. Nuestras lenguas se

reclaman y yo le aprieto contra mí colocando las manos abiertas en su espalda. Me gusta su calidez.

Sus manos me recorren estrujándome y apretándome...Se siente tan bien su cuerpo contra el mío, sus

manos, su boca...muero lento.

—Me gusta tocarte—susurra en mi oreja mientras la lame. Gimo. Sin dejar de asaltar mi boca

desabrocha mi vaquero, e introduce la mano, y comienza a acariciarme justo ahí, en mi sexo...me

siento indefensa emparedada, entre él y el sofá, poseyéndome despiadadamente con su lengua y sus

dedos... Soy pura contorsiones y gemidos...

—¡Ay!—grito.

Retira la mano de su asalto lascivo.

—No,—me quejo—por favor.

Él se desabrocha el vaquero y se baja el cierre.

—Tócame—lleva mi mano a su sexo sobre sus pantalones.

Entiendo, quiere que le corresponda. Bueno... comienzo acariciarlo al principio un poco vacilante,

pero me tiene tan jodidamente caliente, y esa mirada...

Sebasthian cierra los ojos disfrutando de mi contacto. Y estoy alucinada viéndole, es tan sensual, su

boca entreabierta. Ahora quiero volverle loco. Me vuelvo más osada y meto mi mano dentro de su

bóxer y siento su miembro duro, carnoso y caliente. Lo tomo con fuerza y subo y bajo a mi antojo. El

comienza de nuevo a penetrarme con sus dedos, mientras nos besamos. Y esto es jodidamente erótico.

Estamos vestidos, follándonos con las manos, como unos putos adolescentes.

—Así... Lo haces bien bebé...—dice él con respiración alterada.

—Ay... Dios—gimo y lloriqueo ante su implacable ritmo.

—Si Clarissa sii...ah...—jadea descontrolado.

Toda la sangre arde caliente en mi entrepierna. Siento que todo razonamiento y juicio se escapa de

mi mente, dejándome completamente en blanco. Mi pelvis busca con vehemencia su íntimo contacto

manual. Igualmente mantengo mi agarre en su miembro caliente, sus jadeos en mi oído me están

enloqueciendo. Adoro excitarle tanto...

Sin previo aviso retira su mano de mí y hala mis vaqueros y bragas con premura, estos quedan

colgando de uno de mis tobillos. Me posiciona con cuidado hasta que quedo de rodillas, con mi torso

reposando sobre el sofá. A los pocos segundos lo siento detrás, entrando en mí. Cierro los ojos ante

esa tan anhelada intrusión, mi sexo le aprieta dándole la bienvenida, deseo grabar en mi cuerpo esa

deliciosa sensación.

—Mmm...Que delicia...esto es el cielo, bebé...—exclama él con voz alterada.

Sus embistes, al principio suaves y considerados, pronto se vuelven, salvajes y desenfrenados,

despertando mi lado primitivo que aúlla ante los mullidos cojines del sofá. Aprieta su agarre en mis

hombros y lo siento a profundidad. Pronto llego a mi liberación y termino anulada y temblorosa. Él

se deja ir...

Estamos en el piso con la espalda recostada en el sofá, apretujados los dos, después de nuestro

encuentro carnal. El me saborea con sus penetrantes ojos azules.

—¿Qué pasa?

—Tienes unos hermosos ojos y unos labios deliciosos. En verdad me gusta todo de ti…—acaricia

mi pierna que descansa en su cadera—y tu piel que suave es, podría pasarme el día acariciándote.

No sé qué se dice en estos casos, pero me encanta gustarle. Lo cierto es, que nunca me había

sentido tan cómoda con un hombre, hasta ahora. Realmente estoy sor-prendida de mí misma.

—¿Quieres comer algo?—le pregunto.

—Mmm...Ahora sí—dice pícaro.

—Vamos—me acomodo los vaqueros y le guío a la mesa.

He preparado tostadas con un revoltillo de calabacines.

—Está rico ¿te gusta cocinar?

—Lo normal.

—No te gusta... bueno, yo te cocinaré, entonces.

—¿A ti te gusta?—estoy sorprendida, un hombre como él, ¿cocinando?…

Ríe.

—Sí y sé hacerlo, pero no para todo el mundo. Cuéntame sobre ese padrino tuyo.

— ¿Qué quieres que te diga?

—Bueno, necesito saber que representa para ti. Conocer los detalles de tu relación con él.

No le entiendo que quiere.

—¿Y entonces ?

—No tengo lazos de sangre ni afiliación con él. Me apadrinó porque él quiso, y la verdad, se lo

agradezco. Si no fuera por él... pero la gran diferencia Sebasthian es que, él no era mi padre. Me dio

lo que necesitaba para mi educación: ropa, libros, comida. Solo le veía esporádicamente para darle

cuentas de mis notas y comportamiento y era, es, bastante exigente y un tanto arisco a veces. En fin.

Los abrazos y las palabras de aliento fueron escazas—Suspiro embargada por esa sensación de

soledad tan conocida—. La vida es muy triste cuando no tienes familia, Sebasthian. Cuando no tienes

alguien que te quiera tal como eres.

Me observa atentamente y si no me equivoco conmovido por mi confesión.

—Ay nena, tener familia tampoco es fácil, créeme. No pienses que todo es miel sobre hojuelas:

hermanos jodedores, madres sobreprotectoras y entrometidas abuelas autoritarios. Se manejan

muchas expectativas ajenas, a veces es estresante.

—Pero siempre tendrás un hogar al que acudir cuando lo necesites—estoy afligida.

Me observa un rato y luego agrega apasionado.

—Quiero ser tu hogar. Déjame serlo. Yo podría cuidarte y mimarte todo lo que quieras. Serías mi

niña consentida—me regala su sonrisa ladeada que le hace ver tan sexy—. Ven, siéntate aquí—palmea

sus muslos, y yo divertida y curiosa me siento a horcajadas sobre él, quedando frente a frente.

Y ahora con qué me saldrá ese hombre...

—Vamos a mimarte—susurra como si su voz fuera miel tibia sobre mi piel. Toma mi cabeza y

juguetea con mis rizos sueltos, mientras esparce pequeños besos en mi cara. Cierro los ojos y me

derrito. ¡Ay dios, esto realmente se siente bien!...

—Mi dulce… dulce Clarissa. —la forma en que pronunció esas palabras...con tanto sentimiento y

su tierno contacto, despiertan algo en mí, que sale de lo más profundo de mi oscuridad.

Trago saliva.

De repente me invade una tristeza muy grande y las lágrimas contenidas comienzan a salir

suavemente. No puedo verlo. Hago gesto de levantarme pero me toma de la cintura más fuerte.

—No. Tranquila—dice bajito.

Me besa suave y largo y es como una droga embriagadora que barre mi sensación de angustia. Me

pierdo en el beso.

—Confía en mí, por favor, déjate querer.

¿Dejarme querer por Sebasthian? ¿Podría hacerlo? Querer, amar, esas palabras me resultan

extrañas e inquietantes. Conozco el cariño fraternal, cómplice y antagónico de otros chicos como yo.

El cariño lastimero y comedido de los cuidadores de la casa hogar. Pero siento, que esto que él me

pide y reclama, no se parece ni remotamente a lo que he conocido, y como nunca, me encuentro fuera

de mi centro. Fuera de mi zona de confort.

Me falta el aire.

—Por favor, suéltame—necesito respirar.

Me zafo de él como puedo.

—Me gustaría que te fueras, por favor—le suplico con la vista baja.

Me suelta consternado. Necesito digerir lo que me está pasando. Dentro de mí, un huracán se ha

desatado de repente, y no sé cómo manejarme, como sentirme. ¿Qué me está pasando?

—Nena yo...—me mira con ojos muy abiertos y cejas levantadas.

—Vete. Quiero estar sola, por favor—no quiero que me vea así. —. Por favor—sueno desesperada.

—Está bien...está bien...como quieras—su tono es de enorme preocupación.

El silencio nos envuelve. Ni se atreve a tocarme mientras nos dirigimos a la puerta.

—Lo siento, no quería asustarte—murmura.

No le contesto. Tengo un nudo en la garganta que me asfixia. Me mira esperando una respuesta,

pero rehúyo.

—¿Nos vemos mañana?—me pregunta con ansiedad en su voz.

Asiento sin verle, y antes de que pueda tocarme, le abro la puerta y cruzo los brazos. Siento frío

pero viene de dentro.

¿De qué estoy huyendo exactamente?

Viernes 16 de Enero

“Escapo y escapo aún más"

Hoy es viernes. Ya ha pasado una semana desde que comencé mi trabajo como psicóloga. Eso ha

sido algo a lo que me adaptado bien, creo. He tenido algunos pacientes gracias al buen Dr. Spillman.

Mario Flores, La Sra. Esther con sus ataques de ansiedad, Pablo Ramírez entre otros... Pero hoy soy

yo la que está perturbada. ¿Porqué habré reaccionado así anoche? no es propio de mí llorar como

Magdalena. Ese es más bien el estilo de Cata. Qué pena con Sebasthian. Habrá pensado que se me zafó

un tornillo. Una loca psicóloga (no sería la primera). ¡Santo dios!, y para colmo, ¡lo eché de mi casa!

Creo que debería alejarme un poco de él; mantener la distancia por lo menos por hoy, mientras

pongo orden en mis emociones y pensamientos. Desde que le conozco, estoy en una montaña rusa

emocional. Sí, necesito orden y tranquilidad. Observo mi celular. ¡Mierda!, ya me ha enviado tres

mensajes hoy. Estará preocupado. No sé qué decirle. Pongo mi celular en vibrador y me dispongo a

trabajar.

Paso el día tranquila. Escuchar los problemas de otros y ayudarles a componer sus vidas, me

resulta mucho más sencillo, que adentrarme en mis propios líos.

****

Como a las seis de la tarde me encamino a mi auto y me sorprende ver a Sebasthian, de traje y

corbata desanudada, que se dirige a mí con paso decidido y si no me equivoco molesto.

Vino a buscarme.

—¿Por qué coño no contestas mis mensajes, Clarissa?—dice en un tono de voz engañosamente

suave cuando nos encontramos.

—He estado muy ocupada.

—¿No tenías ni un puto minuto para responder mi llamada? ¿Qué pretendes, volverme loco?

—Sebasthian, no me gusta que me hables así— ¿quién se cree que es?

—¿Y cómo coño quieres que te hable? Me estoy devanando los sesos pensando que pude haberte

hecho para que salieras corriendo despavorida.

Toma una respiración como contando hasta diez. Luego agrega más calmado.

— ¿Saldrías conmigo esta noche? Tengo un evento.

—No

— ¿Por qué no?

—Quiero estar sola hoy, pero gracias por la invitación. Seguramente, encontrarás alguien que te

acompañe.

Me fulmina con la mirada y tiene los labios muy prietos.

—Si eso quieres—masculla

Esto no se trata de lo que quiero Sebasthian. Se trata de que tengo mis límites y ya los sobrepasé

contigo. Necesito, como nunca, refugiarme en lo que mejor conozco: mi soledad.

Sí eso es lo que pasa.

Luego agrega meloso.

—Pero sí vas conmigo a lo de mi familia, ¿verdad bebé? Me gustaría mucho que fueras. Así te

harás una idea de lo consentido que soy—hace un mohín.

Sonrío.

—Creo que se nota.

Me toma por la cintura

—Ay Clarissa ¿por qué eres así conmigo?—me besa posesivo y me siento flaquear.

No. ¡Ya basta!, él no puede tener poder sobre mí. Yo soy dueña de mi cuerpo.

Punto.

—Me tienes como un veleta. ¿Te gusta jugar conmigo verdad?—dice él.

Frunzo el ceño. ¿Jugar con él?, ¿Yo?, ¡qué disparate!

—Por favor, no vuelvas a dejarme colgado. Comunícate conmigo, ya te he dicho como me siento

por ti. Si necesitas tu espacio yo trataré de entenderte pero quiero estar seguro de que estás bien, por

favor bebé—yo asiento y el suspira. Toma mi cabeza entre sus manos para que lo vea—. Issa, nunca

me había sentido así con nadie...me atraes tanto. ¿Segura que no quieres irte conmigo hoy?

—Sí.

—Te lo juro que me provoca esposarte a mi cama para que te dejes de huir de mí.

—Así que lo que te gusta de mí es mi cuerpo—bromeo.

Se muerde el labio y levanta las cejas divertido.

—Entre otras cosas. Pero sí, me encanta tu lindo cuerpecito.

—Diputado, otra vez usted por aquí.

Carajo, es la voz exasperada de mi padrino. No le vi venir. ¿Qué habrá escuchado? Siento mis

mejilla arder.

—Dr. Spillman—Sebasthian se voltea y le tiende la mano a forma de saludo.

—Diputado—toma su mano por cortesía arraigada, apretándole más de lo necesario, aunque creo

que estaría más a gusto si pudiera estrellarla contra el rostro de Sebasthian—. ¿A qué debemos el

honor de su visita?—dice sardónico.

—Principalmente para ver a Clarissa.

Yo tiesa cual estatua no digo ni mu.

—No sabía que eran amigos

—No. no somos amigos. Estamos saliendo—dice Sebasthian categórico.

Mi padrino tuerce el gesto.

—¿Ah, sí?—me fulmina con la mirada—¿y desde cuándo?

—Desde hace muy poco, la verdad—aclara Sebasthian.

—Bueno, seguramente será algo ocasional, como usted acostumbra—dice malicioso.

Sebasthian se tensa.

—Me siento obligado a aclararle, que no es así. Mis intenciones con Clarissa no las tomo a la

ligera—está realmente serio.

Resopla.

—Habrá que verlo.

Sebasthian toma mi codo y me susurra al oído:

—Busca tus cosas ya—salgo disparada, más que todo para huir de esa escena: dos leones a punto

de echarse el diente, y yo cual gacela, huyo despavorida.

Tomo mi bolso.

Cuando al fin nos refugiamos en el auto, Sebasthian lo pone en marcha enrumbándonos a mi casa.

El sigue muy metido en sus pensamientos.

—¿Ves? Estas son las cosas que me estresan de ti, ¿por qué le dijiste eso a mi padrino?

—Ni que fuera un pendejo, él ya se debe imaginar en lo que andamos.

—Sí, pero ahora no le cabe dudas.

—A mí me importa un carajo lo que él piense, más que nada lo hice por ti. Me gustan las cosas

claras y no me gustó para nada el tonito que usó. Ahora explícate, ¿qué te estresa de mí?, o piensas

como tu padrino y quieres algo casual, ¿es eso es lo que te pasa?, ¿eso es lo que te agobia?

Contéstame Clarissa—me mira de soslayo con la mandíbula tensa y el ceño fruncido.

Ni yo sé que carajos me pasa.

—No he pensado acerca de eso. Me refiero...— ¡Ay dios!, ya me está entrando la ansiedad de nuevo.

No sé qué decir.

— ¿Te gusto o no te gusto Clarissa? la pregunta es muy simple—dice cortante.

—Ahora estás molesto conmigo.

—En mi vida he tenido que lidiar con una mujer tan evasiva como tú, ¡Nojoda! Realmente pensé

que te gustaba, pero parece que estoy equivocado...—toma el volante con fuerza.

—No es eso.

—¿Ah no? ¿Y qué es entonces?—en eso suena el teléfono y yo suspiro aliviada—. Hola ¿cómo

estas, Cielo?—me mira de reojo—¿Quieres ir hoy a un evento?...Sí, te paso buscando en dos horas,

en cuanto me desocupe...ok...—cuelga.

¿Qué coño? ¿Acaso acaba de llamar una de sus mises pechugonas para quedar, y él la invitado al

frente mío?

¡Mierda!

Siento que la ira me invade de pies a cabeza. Estoy realmente enfurecida. Cómo se atreve. Es un

puto mujeriego descarado. Qué bueno que he llegado a mi casa. Azoto la puerta del auto con toda la

fuerza que puedo y salgo dando zancadas.

¡¡A la mierda con él!!

Escucho su voz divertida a lo lejos.

—Clarissa, podrías ser tú.

¿Se burla de mí otra vez?

****

Cuando estoy en mi casa a puerta cerrada siento que la ira me abandona y me aflora una inmensa

tristeza. Como si algo se hubiera roto en mi pecho. Comienzo a llorar desconsolada mientras me

abrazo a mí misma en el piso de mi apartamento. Estoy encaprichada de alguien que evidentemente

solo está jugando conmigo y que tiene una fila de Barbies ansiosas que quieren salir con él, estar con

él. Bueno, ¿y quién no?, un hombre poderoso, sexy, adinerado. ¿Quién no lo querría?

Lloro amargamente mientras maldigo mi pasado. ¿Por qué he de tener tantas reservas con él? ha

dicho que le gusto y que no me toma a la ligera, que espera mucho de mí, que quiere que conozca a

su familia. Es él el que me desconcierta. Le preocupa que esté bien y es tan tierno,—realmente tierno

—conmigo a veces, tan empalagoso. Pero a la vez está esa odiosa reputación suya y lo que acaba de

hacer. ¿Realmente cuadró con una tipa al frente mío? debo estar demente si me gusta él. Loca como

una cabra ¿o es acaso que tengo graves problemas de autoestima? ¿Será eso?; que busco una relación

con alguien, que no puede dármela, porque solo está pasando el rato. ¿Estoy buscando un tipo de

relación con él?, ni siquiera he permitido preguntarme acerca de la naturaleza de mis sentimientos

hacia Sebasthian. Ha dicho que soy muy evasiva. ¿Qué estoy evadiendo realmente? ¿A quién estoy

evadiendo? A él o a mí.

¿Qué siento por Sebasthian?

Y en cuanto formulo la pregunta, siento una inmensa sed, me levanto y tomo un poco de jugo de

naranja. Está muy frío. Tengo algo de hambre y creo que me provoca un sándwich. Me lo preparo

ceremoniosamente hogazas de pan integral, mostaza dulce, un poco de mayonesa, 2 rodajas de

tomate, lechuga, jamón, queso. Mmm... Va estar bueno. Lo engullo y luego me voy a la cama. Cuando

estoy cerrando los ojos adormecida me doy cuenta de que aún no me he contestado la pregunta. No

me lo he permitido. Parece que tengo un mecanismo de defensa bastante desarrollado: el de la

evasión.

Mierda...Sebasthian tenía razón.

Ahora... ¿qué voy a hacer con eso?

Sábado 17 de Enero

“¡¡Jódete!!"

La luz de la mañana entra en la habitación. Me estiro en la cama, con nada de ganas de salir de ella.

Anoche tuve sueños entrecortados y confusos, la mayoría con Sebasthian. Me siento agotada a pesar

de que dormí lo suficiente. Algo me está desgastando y creo que es la idea de que yo misma me he

estado ocultando cosas. Con pereza estiro el brazo para ver el despertador, van a ser las nueve. Hoy

realmente desperté con ganas de no hacer nada. Miro el techo y dejo ir mis pensamientos, he de

resolver eso de la evasión, no quiero pasarme la vida así. Cojo mi celular, lo enciendo y sin

pensármelo mucho le envió un mensaje a mi antiguo profesor de psicología en la universidad. Yo

asistí a terapia con él, durante mis estudios y me ayudó mucho a gestionar mis sentimientos, a

orientarme al logro de mis metas académicas. Como ya me conoce no será necesario tanto protocolo.

Inmediatamente me contesta que tiene espacio para atenderme el lunes. Bueno paso uno completado.

Me llegan 3 mensajes:

PADRINO: Buenos días, Clarissa, te comunico que el lunes debemos ir a MIRAL para presentarte

con recursos humanos. La cita es a las nueve am. Estaremos en contacto.

CATA: Hola ami. ¿Qué vas a hacer hoy? ¿Quieres que pase por allá o estas empiernada con el

papacito?

¡Uy no la soporto!

POLÍTICO SEXY: Buenos días bella, espero hayas dormido bien anoche ¿Qué harás hoy?

No me puedo creer su descaro. Me lo imagino enviándome el mensaje con una rubia adormilada y

satisfecha sobre su torso. Me hierve la sangre. ¡Que le den!

Me dispongo a contestar mis mensajes:

CLARISSA: Ok, padrino, gracias. Nos vemos el lunes.

CLARISSA: Hola ami. Otro día cuadramos estoy ocupada, pero no como piensas. Besos.

CLARISSA: Diputado, en vista de lo de anoche le agradezco que deje de molestarme.

POLÍTICO SEXY: Me temo que eso no será posible señorita ¿Estás en tu casa?

CLARISSA: No para ti.

¡Ay no Sebasthian! Hoy no te quiero ver. Me levanto, me doy una rápida ducha y me alisto para

salir a hacer las diligencias del sábado. No me pienso quedar esperando a que el Señor demasiadoencantador-pero-definitivamente-descarado me pille en casa.

POLÍTICO SEXY: Bebé, si vas a salir sola, por favor, lleva la pistola de descargas o el spray. Ten

cuidado. Te extrañé en el evento.

¡Sí, como no!

Y otro al rato.

POLÍTICO SEXY: Debo asistir a una reunión pero te tengo en mi mente, mi adorable doctora.

¡Sí, como no!

No me acordaba del acosador. Reviso el bolso. He llevado esos dos artefactos desde el miércoles

conmigo. Desde que me lo dio el burócrata descarado. Reviso la nevera, he de comprar provisiones.

Sí, eso es lo que voy a hacer hoy. Voy a poner orden en mi mundo, últimamente ando muy distraída,

tengo que concentrarme y adueñarme de mi cuerpo y mente, ambos rebeldes y traicioneros.

Conduzco por las calles de Caracas absorta en mis pensamientos y así mismo hago las compras, las

llevo a casa y las ordeno.

Preparo un arroz con pollo, mientras se cuece lentamente, me ducho, me coloco una camiseta y

unos shorts cortos. Como tranquilamente con la compañía de la televisión y de mi mente revuelta.

Aparto el plato y apoyo la cara en mis manos, ¿qué voy a hacer con ese hombre?, me está costando

una barbaridad usar mi buen juicio últimamente. ¿Será que mi padrino tiene razón y Sebasthian solo

me llevará por un camino espinoso? Suspiro. Me resulta difícil resistirme a él. A veces quisiera

hacerlo y otras solo quiero caer en su seductor embrujo. Como sea tengo el día de hoy para

reponerme. Tomo el periódico que compré en el Super, para leer un poco, empaparme de la realidad

del país. El dólar sube, el Bolívar baja, la gente se queja. Ganamos medallas en el exterior, leo unas

columnas de opinión, una pro gobierno paternalista y otra evidentemente opositora. Ambas parecen

lógicas. La cesta básica ha superado el sueldo mínimo. Bueno, eso no me sorprende, de hecho es una

realidad cotidiana. Ahorita mismo me he gastado una buena suma de dinero y solo con tres bolsas de

alimentos. Si no fuera por el generoso fideicomiso que tengo, ¡uff!, me vería en aprietos. Vagamente

me pregunto si no habrá alguna buena noticia en este país. Paso la página y me quedo de una pieza.

Un Sebasthian me sonríe ampliamente, burlándose de mí, agarrado del brazo de otra mujer. Otra vez

esa ola de ira me invade y siento que me pongo roja.

¡Estúpido burócrata de mierda!

Reunión de la Cámara de Comercio, reza al pie de la foto, Diputado Sebasthian Petroni Agresti

acompañado de Celeste De Agostini. Detallo a la infame acompañante de Sebasthian. Debo admitir

que es atractiva y elegante. La odio. ¿Por qué coño no fui al evento?, yo y mis miedos irracionales.

No quiero ni verlo. Y pensar que pude haberlo evitado yo misma. ¿Pero por qué coño tengo que

hacer lo que él diga? Estoy frustrada. Odio que haya ido con otra mujer. Me dijo que no lo haría más,

por mí, y aunque me sorprendió, me gustó la idea. Me gustó mucho la idea. Lo quiero para mí sola.

Él es mío.

POLÍTICO SEXY: Te quiero ver... ¿estás en tu casa?

Apago el celular.

¡Que se joda!

Domingo 18 de Enero

“Persígueme, átame y llévame a casa"

Con mis manos sobre el volante doy vuelta en la intersección y apenas puedo dar cuenta de la

imponente India del Paraíso, estoy acostumbrada a su presencia ya que todos los días la veo—impasible, hermosa, altiva—allí sobre la palmera, curioseando a los caraqueños, que acelerados

luchan por sortear el tráfico. Se ha de reír de nosotros ya que eso es imposible. Seguramente su

oscura cabeza metálica nunca se imaginó que acabaría allí impregnada del smog de nuestros coches.

La voz de Dido suena insistente por enésima vez diciéndome que el taimado diputado Petroni me está

llamando. Me ha enviado todos los mensajes del mundo, y me ha llamado hasta el cansancio.

¡Dios, que insistente es este hombre!

—Hola linda al fin me contestaste—intenta seducirme con su voz.

—Sí, solo para decirte, Sebasthian: ¡que me dejes en paz! Por favor, ya deja de perseguirme. No me

gustan para nada tus juegos—le grito y cuelgo sin dejar que me diga ni pío.

La voz del parlante de una patrulla detrás de mí.

—Ciudadana por favor detenga el vehículo.

¿Qué es conmigo?

Detengo el coche.

—Buenos días ciudadana.

—Buen día—mascullo. Lo que me faltaba era esto, mi celular vuelve a repicar y yo cuelgo sin

contestar, ¿qué sucede oficial?—digo exasperada.

—Por favor, registro y licencia—masculla el policía.

—Discúlpeme, pero ¿por qué?

—Porque usted estaba hablando por teléfono mientras conducía—dice.

¿Qué? ¿Me pararon por eso aquí, en Venezuela? No me la creo, ¿es que no todo el mundo hace eso

aquí?

—Mi novio es un diputado, estoy segura de podemos obviar todo esto—digo mientras le entrego

los papeles.

—¿Ahora me está amenazando, señorita? Porque eso también es un delito.

—No, yo...—oh mierda...

—Por favor, bájese del vehículo.

—Bueno.

Escanea los papeles

—Están vencidos—los dobla y los mete en los bolsillo posterior de su pantalón.

—Claro que no—me cruzo de brazos, estoy casi segura que no es así, ¿o no?

—Sí señorita, deme las llaves del vehículo.

—Esto es una tontería, ¡por Dios!

Le entrego las llaves, a regañadientes.

—Por favor, acompáñeme, no puede seguir conduciendo.

—Pero qué… ¡claro que no están vencidos!—me exaspero.

—Sabe, resistirse a un arresto, también es un crimen—entorna los ojos.

Pongo los ojos en blanco.

Quizá deba llamar a cierto político que conozco íntimamente. Seguramente el arreglaría esta

situación. En cuanto lo pienso lo descarto. El oficial me dirige a su auto y me siento en la parte de

atrás. Enciende la sirena. Me siento toda una delincuente detrás de la rejilla solo faltarían las esposas.

Como a dos cuadras nos detenemos. ¿Ahora qué?

Se abre la puerta a mi lado es Sebasthian ¿pero qué demonios?

—Hola—me dice.

Estoy boquiabierta y antes de que me dé cuenta siento algo frío y metálico en mi muñeca

izquierda.

¡¡Me ha esposado a él!!

—¡Sebasthian!—grito horrorizada por lo que acaba de hacer.

—Hola diputado—dice el oficial en tono amistoso.

—Hola Juan, ¿cómo está tu esposa?—Sebasthian usando el mismo tono.

—Muy agradecida por la lavadora Sr.

—Que bueno, me alegra mucho.

No puedo creer que esté haciéndome esto. Sucio burócrata. No tiene límites.

—Hola bebé—le fulmino con la mirada. Me aprieta la mano suavemente. Sí, la esposada— ¿cómo

estás?

—¡¡Sebasthian, no puedo creer que me estés haciendo esto!!—Le grito y luego me descargo con

los policías—¡¡y francamente señores, como se prestan para hacer algo tan poco profesional!!—

—Lo sentimos señorita pero le debemos unas cuantas al diputado—se ríen con desparpajo mientras

avanza la patrulla.

—¿Estás enojada?—se acerca más a mí y yo me arrimo más hacia la puerta hasta quedar casi

pegada a esta—. Estás muy linda, te queda muy bien ese color—dice zalamero, mientras, me acaricia

el hombro con la nariz. Yo le esquivo—. No seas así, fue la única manera en que pude verte. Además,

te dije que te esposaría, si seguías huyendo de mí.

Los oficiales ríen, como que les parece chistosa lasituación, obvio que nos escuchan.

—Eres increíble—le miro atónita— ¿cómo pretendes que salga contigo después de lo que hiciste?

No te lo mereces. Eres un descarado.

— ¿Y ahora qué hice, Issa?—dice con dulzura fingida.

—Tú sabes a lo que me refiero.

—No—está realmente divertido.

—Bueno, dime: ¿cómo te fue con tu Barbie? ¿Tuviste suerte?

—No es lo que piensas, bebé.

—¿En serio?, definitivamente mi padrino siempre tuvo razón—toma mi mano y me la va besando

con suavidad.

—¿Estás celosa? No tienes por qué, tú eres mucho más linda y me gustas más—me acaricia la

mejilla con su nariz.

—Eres insoportable—le miro, parece un niño, sus ojos brillan y me sonríe encantado.

—Te he extrañado mucho bebé, ¿tú no me extrañaste?

—Ya Sebasthian, déjate de tus jueguecitos conmigo.

—Te prometo que te quitaré las esposas después de que conozcas a mi familia, y si no me quieres

ver más así será señorita, ¿Le parece?

—Si no hay más remedio.

—Te ves tan linda enojada, Issa. ¡Cómo me encantas!

La patrulla nos ha dejado en una fastuosa mansión. Caray, ahora es que caigo en cuenta de que el

descarado diputado viene de noble cuna, no en vano lo tildan de burgués.

Cuando entramos nos recibe el servicio.

—Bienvenidos—nos dice una señora morena, regordeta y sonriente.

—Hola Carmen, ¿cómo estás?—Sebasthian le da un fuerte abrazo.

Esa imagen me descoloca, para ser un burgués, es muy cariñoso con el servicio.

—Bien Mica. Todos están reunidos en el jardín.

—Clarissa, Carmen ha trabajado con nosotros desde que tengo uso de razón. Carmen, conoce a mi

novia, Clarissa.

¿Que mierda? ¿Me presentó como su novia? ¡Qué abuso! Le atravieso con la mirada. Si no

estuviese esposada a él, francamente me hubiese ido.

—¿Sebasthian, por qué dijiste eso?

—Solo se mi novia por hoy bebé, por favor. No te puedo presentar como una amiga a mi familia.

Tú sabes… expectativas.

Me lleva tomada de la mano esposada, con cuidado de ocultarla detrás de nuestros cuerpos.

—Hola bebé,—una mujer muy bella y elegante le abraza efusivamente— ¿me presentas a tu novia?

—Claro. Clarissa, mi mamá Marcia.

—Buenos días—digo educada.

—Hola princesa, bienvenida a mi casa—Ya veo de donde Sebasthian sacó esa perfecta sonrisa—.

Tu hermana está por allá, lidiando con los mellizos—señala hacia el inmenso jardín.

Nos acercamos a su hermana que está de espaldas a nosotros. Él le coloca la mano en el hombro, y

ella se voltea. ¡Por Dios!, pero si es la chica que apareció en el periódico. Ella fue la que le acompañó

durante el evento.

Estoy impactada. ¿Por qué no me lo dijo?

—Hola Cielo— le dice cariñoso mientras besa su mejilla.

—¡Mica llegaste!—luego se dirige hacia mí—. Hola, ¿tú eres Clarissa, verdad?

—Sí— ¿él habló de mí? Me ilusiona mucho que lo haya hecho.

—Mica me dijo que eres psicóloga.

—Sí, me estoy estrenando esta semana.

— ¿Quieres tomar algo?

—Claro.

—Ya te lo busco.

En eso, aparecen dos niñitos de lo más bello y se les lanzan a los brazos a Sebasthian.

—¡Tío!

—¡Tío Mica!

— ¡Hola enanos!, ¿En qué andan?

—¡¡Buscando sapos!!—gritan al unísono.

—Yo vi uno pequeñito—hace una seña con los dedos índice y pulgar entornando los ojos, se ve

adorable—. Y se fue por allí—señala un matorral un poco lejano—. Eso los mantendrá ocupados—me ve—. ¿Ya me perdonaste?

Niego con la cabeza pero mi sonrisa me delata.

—Eres...terrible—susurro un poco divertida.

—¿Te puedo quitar las esposas o vas a salir corriendo otra vez?

—No voy a correr—me río.

—¿Te puedo besar?

—¿Ahora me pides permiso?

—He de hacerlo si es lo que quieres de mí—saca la pequeña llavecita y me la muestra. Está muy

contento—. No me has contestado.

—Bueno… si somos novios—me encojo de hombros.

—¡Así me gusta!—me atrae a él y me da un beso duro, aunque breve, seguramente porque estamos

con su familia.

Una voz masculina resuena a mis espaldas.

—¡Ey, váyanse a un cuarto! Por aquí hay menores—dice un hombre de brazos cruzados pero

risueño. Es tan alto y apuesto como Sebasthian, de cabello negro y ojos café. Aunque tiene un aire

más formal—hola ¿cómo está el partido?

—Bien, ¿cómo están los negocios?

—Prosperando.

—Clarissa, este es mi hermano Bruno: el mega ejecutivo.

—Mucho gusto

—Es un placer señorita.

—¡¡Papi!!—los mellizos han vuelto y se le abalanzan al hombre.

En ese momento Sebasthian aprovecha para quitarme las esposas, mientras me susurra al oído:

—Me gustaron, quizá me piense lo de esposarte a mi cama.

Eso sería...Interesante.

Celeste me ha traído la bebida, una fresca limonada, perfecta para una mañana de domingo. Es ella

la que me lleva del codo a darme un recorrido por los jardines. Me parece una mujer joven y muy

cariñosa. Para nada presuntuosa y eso me sorprende.

—Aquí está la piscina. ¿Te gustaría darte un chapuzón? Estoy segura de que tengo un bañador de

tu talla—sus lindos ojos café también me sonríen y se le marcan unos hoyuelos de lo más lindo en

sus rosados cachetes. Celeste es tan encantadora como su bello hermano menor.

—No gracias.

—Bueno, si te provoca solo pega un grito. Y ¿cómo te ha ido en tu primera semana de psicóloga?

—Muy bien gracias, ha sido entretenido y variado, se escucha de todo en este campo.

—¿Y no te llama la atención trabajar con niños?

¿Yo trabajar con niños? ¿Está bromeando?

—Este...nop—me mira con curiosidad divertida.

—¿En serio? Para mí es muy gratificante trabajar con ellos. Hacemos labor social permanente con

niños con cáncer y niños huérfanos.

—Sebasthian me dijo algo de eso.

—Que bueno porque espero que nos apoyes, así les pierdes el miedo.

Me encojo de hombros, no soy fanática de los niños. Gracias a la malasombra de mi infancia, tener

un niño al frente me resulta penoso cuando mucho.

Me paso el día con los Petroni y debo admitir que todo ha estado genial. Ver a Sebasthian en su

entorno familiar resulta esclarecedor, parece muy unido a su familia. Entonces, me resulta tonto

pensar en él como un gigoló. Trata a su madre con respeto y cierta adoración, si se podría decir, y

verlo jugar así con sus sobrinitos, (eso en verdad me ha volado la tapa de los sesos) es todo un niño

grande. Cuando terminamos de comer me lleva al baño solícito, solo para arrinconarme y robarme

el aliento, con sus besos y caricias calientes. A duras penas logro contenerle. Ese hombre es

insaciable y además es todo un pillo. De no serlo dudo mucho que hubiera logrado algo conmigo,

siendo yo tan escurridiza, no en balde mis antiguos pretendientes no hallaban manera de interesarme.

Y para qué iba a perder yo mí tiempo con un hombre, qué podía ganar con eso. Sin embargo

Sebasthian ni tiempo me da para pensar. Él simplemente, me agarra y me reclama. Así de simple.

****

—Estás más relajada—dice mientras me abraza en los amplios jardines de la mansión Petroni.

—Me gusta mucho tu familia, Sebasthian

—Que bueno.

De la nada un dolor me atenaza. Un dolor que conozco desde que tengo consciencia. Es esa

oscuridad envolvente que viene de mi pasado ¿quién soy? me pregunta con voz de ultratumba y ella

misma se contesta: NADIE. Trato de apartar el pensamiento inquietante pero se ha desplegado en mi

consciencia. He emergido de las sombras sin familia, sin hogar, sin recuerdos, como una hoja

arrojada al viento al antojo del destino. Sin raíces. Perdida. Sin nadie.

Ni mi nombre me pertenece

¿Tenía una madre?, ¿Cómo era?, ¿Cómo me llamaría?, acaso me habrá puesto un nombre. Si fue

así ¿me gustaría? ¿Me querría? Seguramente no, de ser así no habría acabado en un albergue bajo el

amparo del Estado. ¿Tendría familia, tíos, abuelos y toda esa mierda? Supongo que sí. Pero nunca

nadie me buscó. Pasé toda mi vida en hogares de cuidado del Estado y bueno cuando por fin encontré

a alguien que se preocupaba por mí resulta que no me adoptó. Sí, el Dr., Spillman me apadrinó y me

ha seguido protegiéndo durante años pero ¿por qué no me adoptó? ¿Acaso hay algo malo en mí?

Bueno, quizá no me quería lo suficiente, quizá solo fue lástima.

—¿Clarissa, qué te pasa?—pregunta Sebasthian alarmado.

—Yo no soy como tú...—suspiro.

Se me anuda la garganta por la emoción. Estoy a un paso de las lágrimas.

—No tengo nada más que dar, simplemente...yo—de repente me siento tan cansada, como si todo el

peso del mundo cayera sobre mis hombros.

—Cómo dices eso—acaricia mi barbilla, su mirada se enternece, su voz es suave—. Eres muy

valiosa—deposita pequeños besitos en mi boca, mejilla y párpados, siento una calidez en mi pecho

desconocida y abrumadora.

¿Por qué carajos tiene que ser tan dulce?

Sin poder evitarlo las lágrimas recorren mis mejillas a raudales. Él me acuna y acaricia el cabello

pacientemente mientras desahogo esa tristeza que ha aprisionado mi pecho desde que era una niña.

Desde que tenía 6 años. Nunca me había permitido llorarla quizá porque me faltaba el abrazo cálido

de alguien que me quisiera.

Alguien...Que... Me...Quisiera.

¿Sebasthian me quiere?

La idea me resulta absurda dado el poco tiempo que nos conocemos ¿cuánto ha pasado? ¿Una

semana? Eso, sería una locura, ¿verdad?

—Lo siento, no sé qué me pasa.

—No te disculpes princesa. Estoy aquí para ti—dice sin dejar de acariciar mi cabello.

—¿Te molestaría llevarme a mi casa?

Se tensa.

—Preferiría que te quedaras conmigo. No quiero dejarte sola. Puedes dormir en el cuarto de

huéspedes, yo no te molestaría, si es lo que quieres.

—Por favor, llévame a mi casa.

Me siento desgastada.

—Bebé, me tienes preocupado, por favor, quédate conmigo—me suplica.

—No puedo yo...—estoy a punto de volver a llorar otra vez.

—Tranquila, haré lo que quieras…

Lunes 19 de Enero

“De acoso y confesiones está lleno el día"

—Así que ¿estás saliendo con el diputado Petroni?

Observo de reojo al Dr. Víctor Spillman, mi padrino. Que conduce por la Av. Principal de Los

Cortijos hacia las empresas MIRAL.

¿A dónde quiere llegar con esa pregunta? No quiero discutir con él por Sebasthian.

—Sí.

—No puedo obligarte a que no lo hagas, Clarissa, pero sí puedo decirte que tengas mucho cuidado.

¿Otra vez la misma canción?

— ¿Acaso le conoces?—Rompo.

—No, pero he oído...

—No es justo que lo juzgues sin conocerle. La verdad no me ayuda nada. Debo poder confiar en

alguien más—digo exasperada.

Queda en silencio evidentemente sorprendido por mi reacción.

—Entiendo. ¿Confías en él?—dice con suavidad.

—Sí.

Me observa por un rato como evaluándome.

—Bueno, me gustó lo que dijo de ti.

—Me llevó a conocer su familia.

Se queda pensativo un rato.

—Parece que va en serio entonces.

—Sí, eso parece.

Después de la entrevista en la empresa MIRAL con Juana Delgado, Gerente de recursos humanos.

Me encuentro en el despacho de mi psicólogo había estado un rato alejada de las terapias pero en

vista de los últimos acontecimientos...

—¿De qué quieres hablar Clarissa?—me dice Dr. Gustavo Larez. Y me fijo en sus cándidos ojos

marrones, que me observan, inquisitivos e inteligentes. Como siempre, usa su típica guayabera de

color azul pálido, jean y zapatos casuales. Es partidario de la comodidad primero.

—Principalmente me he dado cuenta de que me he estado evadiendo—contesto enlazando mis

dedos. Estoy sentada en uno de sus cómodos sillones de cuero.

—Ok, ¿cómo te diste cuenta?

—Bueno, me lo dijo alguien que conocí recientemente. Un hombre

—¿Un amigo?

¡Sí, como no!

—Mmm. Más que eso

— ¿Por qué él dice eso?

Principalmente porque me alejo de él.

—¿Cuándo te alejas?

—No te sabría decir.

—¿Cómo te sientes cuando estás con él?

—Me gusta estar con él. Nunca me había sentido así con un hombre. Pero a la vez es muy intenso y

todo ha sido tan rápido...

—Clarissa, es natural que tengas tus reservas dada tu historia de vida. Abrir su mundo emocional a

una persona con la que mantienes intimidad puede ser abrumador para muchos. ¿Le has dicho lo que

sientes por él?

—No.

— ¿Él te ha dicho lo que siente por ti?

—Sí, varias veces.

—¿Cómo te hace sentir eso?

—Es raro.

—No estás acostumbrada a expresar tus sentimientos. Pero parece que él sí.

—Bueno, es muy comunicativo—sonrío

—En una relación es importante que ambas partes expresen sus sentimientos, límites y expectativas.

¿Quieres tener una relación con él?

Carajo. No sé. Quiero pero no quiero. Una relación equivale tantas cosas. Un nivel de compromiso

al que no estoy para nada acostumbrada y aunado a esa ola de pasión y desenfreno que conlleva estar

con Sebasthian.

—Bueno... apenas lo conozco...—soy vagamente consciente de que estoy enrolla que te enrolla un

rizo suelto de mi cabello.

Sonríe.

—Me parece que sería muy beneficioso para ti llevar un diario y cuando te sientas abrumada por

cualquier emoción, especialmente relacionada con él, anótala y luego las podemos analizar más a

fondo.

****

Al caer la tarde llego a mi apartamento y Cata me está esperando.

—Traje una película—dice mostrándome un Dvd—tú pones la chatarra.

Se refiere a comida chatarra.

—¡Bien, voy por ellas!

Me dirijo a la tienda de la esquina y compro unas bolsas de papitas, una coca cola grande y una

libreta que me servirá como diario. Me sorprende que una gaseosa esté tan costosa. Vaya. Pero más

que todo la compro para complacer a Cata. Cuando llego a casa noto que ella ha dejado la puerta de

par en par. ¡Qué descuido!, coloco la bolsa en el suelo un momento mientras cierro la puerta. Cuando

me volteo, una Cata me ve, sentada con la cara blanca como un papel y ojos desorbitados, ¿qué pasa?,

tardo un nanosegundo en entender que algo no está bien, ruedo mi mirada por el apartamento y ahí

parado, en el umbral de la sala, lo veo. Es Mario Flores aquí en mi casa, con una mirada ida, pero, lo

que en verdad me aterra, es verle un gran cuchillo de cocina aferrado en su mano. Y el cuchillo tiene

sangre. El corazón comienza latir con fuerza en mi pecho.

Horrorizada, inspecciono con la vista a Cata, que no se ha movido. Parece que no le hirió a ella.

Vuelvo mi vista hacia él de nuevo, tiene una camisa manga larga por fuera de sus pantalones de

vestir, iguales de sucios y arrugados, los zapatos llenos de lodo seco, barba de tres día, sus ojos rojos

y ojerosos.

—Marina—habla con voz hueca mientras me ve sin verme realmente—te he visto con ese hombre.

Él se cree que yo soy su mujer.

—Manuel, soy la Dra. Spillman, no tu esposa—digo con voz suave mirándole directamente a los

ojos y mostrándole mis manos.

No me escucha.

—Esposa infiel...—hace una mueca grotesca.

Mi mente va a mil por segundo. He dejado el bolso sobre la mesa, debo encontrar la manera de

tomar la pistola de descargas sin que él se dé cuenta. Poco a poco me voy acercando a la mesa sin

apartar mis ojos de él.

—Vamos a conversar, quiero entenderte.

—Tú no me dejaras también.

—No quiero hacerlo—digo con suavidad.

—¿No?

—No.

—¡Mientes. Te vi con ese cabrón, le voy a rebanar el cuello a él también!

¿También? Todo el aire sale de mi cuerpo. Y en ese momento lo entiendo: él ya ha atacado a su

esposa y a su amante seguramente. Algo debió disparar su psicosis. Su cuerpo va cambiado

sutilmente; sé que me va atacar, empuña el cuchillo con fuerza. Debo moverme rápido. Se abalanza

hacia a mí y yo salgo disparada hacia la mesa y cojo el bolso, pero ya me ha alcanzado y me ha

tomado del brazo izquierdo. El bolso cae vaciando su contenido, a poca distancia, veo el arma que

necesito, pero estoy perdida. Me ha agarrado y muy fuerte, levanta el cuchillo como si estuviera en

un trance y yo cierro los ojos esperando el golpe. Pero no llega. Cuando los abro, un hilo de sangre

recorre su frente, ha soltado el arma que tintinea en el piso y me mira confundido ladeando su cabeza.

Lo entiendo, rápidamente Cata le ha roto la lámpara en la cabeza, tardo milisegundos en soltarme de

su agarre y me lanzo al piso en busca del arma. La tomo y cuando me volteo él le esta propinando un

sonoro puñetazo a Cata tumbándola al piso. Luego gira hacia mí como un animal salvaje, su

respiración trabajosa. Sigo en el piso pero aprieto la pistola de descarga en mi mano derecha

esperando su ataque que no tarda en llegar. Cuando está sobre mí le propino la descarga. Su cuerpo se

retuerce frenéticamente sobre el mío y pierde la consciencia. Con dificultad le aparto.

—¡¡Enciende la alarma, ya!!—le grito a Cata que se está levantando, ella salta rápidamente

obedeciendo mi orden.

****

Cata tiene un cardenal en la mejilla. Me hace un mohín triste y nuestros ojos se anegan de lágrimas,

acto seguido, estamos abrazadas sollozando en la puerta de la casa. Rápidamente llega la policía y

detrás de ellos Sebasthian.

En lo que parece una eternidad nos interrogan. Sentadas en el sofá, ambas seguimos mortalmente

pálidas y temblorosas, Cata aprieta una bolsa fría de guisantes (que le ha dado Sebasthian) sobre su

cardenal adolorido. Ya se han llevado a Mario Flores esposado y aturdido.

—Vamos a casa—dice Sebasthian. Lleva mi bolso viajero en el hombro izquierdo. Nos toma de la

mano y ambas vamos como dos niñas desvalidas.

****

Sebasthian nos ha llevado a su casa.

—¿Quieren tomar algo?

Asentimos aún tenemos frío. Le seguimos a la encimera de la cocina, toma tres vasos de cristal y

hecha dos dedos de una bebida ambarina, nos las acerca. Tomo un sorbo y noto que es ron pero de

una notable delicadeza, es cálido y delicioso. Nada que ver a lo que bebía en la universidad. Cuando

abro los ojos, él me está observando, con mirada inescrutable, se ha bebido su trago.

—Estás muy callado—digo

Repica su teléfono.

—Vengo en un momento—parece que va a su cuarto—. Aló... Sí hoy no voy. No...Tengo un asunto

personal muy importante...Ajá—luego marca otro número—. Hola...sí, necesito que vayas hoy o

mañana temprano. Te daré la dirección...A primera hora. Gracias—cuelga.

Me vuelvo hacia Cata que está sentada a mi lado en una banqueta.

—¿Cómo estás, ami?—Cata sonríe tristemente y yo le correspondo.

—Bien ¿y tú?

—También—le tomo la mano. Ambas las tenemos frías.

—Ese hombre estaba muy perturbado, me asusté mucho—me confiesa con los ojos muy abiertos.

—Creo que le hizo daño a su mujer. Bueno, ya lo sabremos después.

—¿En serio? debes estar muy agradecida con Sebasthian, yo que tú, le monto en un altar.

Reímos y siento que el alma me vuelve al cuerpo

—Sí.

—Le debemos la vida, ami. Eso que él hizo no lo hace cualquiera. Issa, creo que él te quiere.

¿Tan rápido es eso posible?

—¿Tú crees?

—Se le nota. Estaba muy preocupado—me observa detenidamente— y tú, ¿qué sientes por él?

Sebasthian está al lado de la encimera de la cocina.

—Ven, vamos a echarte esta pomada—dice él mientras le unta a Cata con delicadeza la crema, ahí,

donde tiene el golpe—¿Estás bien?—le mira con ojos tiernos y a mí se me ablandan las piernas. Es

tan lindo.

Ella asiente

—Muchas gracias—dice educada.

—Bueno, me temo que tendrás que maquillarte tu lindo rostro por unos días—dice tomándole la

barbilla con suavidad y examinándole.

Ella suelta una de sus risitas de niña.

—Gracias por dejarme quedar.

—¿Estas bromeando? Yo soy el que está agradecido contigo—me toma de la mano y me lanza una

mirada—. Considérame tu amigo y cuando necesites algo, llámame sin dudar.

¿Podría ser más adorable ese hombre?

— ¡Hecho!

****

Al rato llevamos a Cata al cuarto de huéspedes y Sebasthian se cerciora de que esté cómoda.

—Hoy dormirás conmigo, si no te importa—me dice él cuando al fin estamos solos.

—Ok.

Clava sus ojos en mí. ¿Qué estará pensando?

—¿Qué te pasa?—le pregunto

—¡Por Dios, Clarissa! He pasado el susto de mi vida. Pensé... ¿estás bien?

—Sí, gracias a ti—fijo mis ojos en su mirada azul. Acaricio suavemente las solapas de su traje gris

humo. Le estoy muy agradecida. —. Si no fuera por ti, no estaría aquí. No sé cómo pagártelo.

Ladea su cabeza.

—No tienes qué, cielo. Lo único que me interesa es tu bienestar—me da un beso casto y me abraza

muy fuerte—. No sabes el infierno que viví...esos minutos fueron los más largos de mi vida.

—¿Y cómo te enteraste? Llegaste muy rápido.

—Te dije que te mantendría vigilada. La policía tenía órdenes de llamarme si sonaba la alarma. No

podía estar tranquilo con ese loco suelto por ahí, apenas he podido conciliar el sueño en estos días.

Eres una niña muy terca. Si tan solo te hubieras quedado conmigo—suspira—. En fin, no podía

obligarte tampoco.

—Lo siento, no sabía...

...que te quitaría el sueño…

—Te cuesta ver lo obvio, verdad—ríe—. Ven, vamos a ducharnos.

Apenas llegamos al baño toma mi cara y me da besitos sueltos por la boca, barbilla, pómulos. Me

desabrocha la blusa y los vaqueros y desliza la ropa por mi cuerpo, se agacha y me quita los zapatos.

Ahora estoy en ropa interior, me come con los ojos, sin levantarse. Luego comienza a quitarse sus

zapatos.

—Sigues muy callado.

Continúa desvistiéndose, sin apartar sus ojos de mí.

—No quiero hablar.

—Ah.

Queda completamente desnudo ante mí. Bajo mis ojos y veo su glorioso miembro erecto. De

repente me siento tan tímida. Subo mi mirada y me está sonriendo. Se acerca más y desabrocha con

agilidad mi brasier. Desliza lentamente los tirantes acariciándome los hombros con el torso de las

manos y encadenando tiernos besos por el mismo recorrido. Lo deja caer.

Baja su cabeza hacia mis senos y es como el que ha caído en un hechizo, posa su boca en ellos y se

deleita en el sabor de mis rozados pezones. Su trato es tan delicado como el beso más dulce.

Baja sus manos y las mete por mis bragas tomando con ellas mi trasero y apretándome con fuerza

contra su erección...Ah...Siento un hormigueo en todos mis puntos erógenos, a la vez que su lengua

comienza a acariciar mi húmeda y tibia boca jadeante. Se contonea restregando su firme miembro

contra mi sexo excitándome más y más.

Nuestras respiraciones alteradas y jadeantes. Y yo me siento en trance, como siempre que me toca,

mi mente se ha fugado. Por unos segundos no le siento y cuando abro los ojos me toma de la mano y

me lleva a la ducha. Me levanta y yo me abrazo a él con brazos y piernas. Poco a poco va entrando

mí. ¡Ay Dios!, ¡como me encanta sentirle!...Esto es…Oh…oh…

Sebasthian me mira de una manera que me para el pulso y ya finalmente, enterrado en mí, me

mantiene en el aire.

—Extrañé estar así contigo, cielo. Eres una mujer muy linda, sabes. Sobre todo ahora— ¡Oh, Dios

mío, qué bello!, escoge unos momentos para decir unas cosas que… Suspiro—. ¿Estás bien?—pregunta acariciando suavemente mi barbilla.

—Sí—de nuevo me encuentro con esa mirada azul que me somete e hipnotiza y no puedo evitar

besarlo, uno mis labios a los suyos tiernamente y se siente maravilloso, él se queda quieto por un

momento y me deja saborear su deliciosa boca experta, su sabor es inigualable. Pronto siento el frío

de los azulejos en mi espalda y el calor de su posesión moverse dentro de mí a un ritmo lento y

exquisito. Me dejo tomar por él aferrándome al pomo de la ducha. El rocío nos envuelve.

Ahhh…Sí…Sí, Sebasthian…

Jadeo sin cesar.

— ¿Te gusta bebé?

¡¡Me encanta, Sebasthian!!

—Sí... me encanta—gimo.

De pronto comienza devorarme con un beso exigente y posesivo—menos mal que me tiene bien

cargada porque me siento como gelatina en sus manos—¡Ay Dios!… ¡Ay Dios!, este hombre me está

volviendo loca. Siento sus embestidas fuertes y rápidas y eso me está inflamando de una manera tal

que temo explotar aquí en sus brazos. Gimo como loca y él está en serio concentrado en su labor. No

sé cuánto tiempo pasamos, así calientes y jadeantes, bajo del chorro de agua.

Me encuentro en el nirvana y siento que tiemblo…tiemblo…y vuelvo a temblar y termino en

blanco. Solo soy ardor, placer, jadeos y tacto. No tengo idea de cuantas veces me arqueo y chillo, lo

que sí sé, es que he llegado al clímax y no solo una vez. ¡Dios mío, estoy ante un Dios del sexo!,

nunca me había sentido tan satisfecha y agotada al mismo tiempo. Pongo mi cabeza casi desmayada

en el hombro de Sebasthian, mi corazón está como a un millón de latidos por segundo y mi

temperatura como a un millón de grados Centígrados también.

—Te voy a bajar—me dice él saliendo de mí y colocándome en el piso, me apoyo en la pared para

no caerme—. ¿Estás bien?— ¿está burlándose de mí?, esboza una sonrisa que claramente dice «viste

Clarissa lo que puedo hacerte. » Por mí que se ría lo que quiera.

Asiento.

Sin mediar palabra comienza a enjabonarme el cuerpo y yo me relajo (aún más).Suspiro. Esto es la

gloria. Cierro mis ojos y sus manos me estrujan y se deslizan por todo mi cuerpo, me limpia a

profundidad.

—Voltéate— lo hago y sigue con su labor, cuando me tiene toda enjabonada comienza excitarme

de nuevo, acariciando mi sexo y mis pezones. Rápidamente me enciende como dinamita. Siento su

boca mordisqueando mi oreja sin dejar de excitarme. Tomando mis caderas me hala hacia él y me

abre las piernas. Apoyo mis palmas en los azulejos ansiando ya tenerle dentro. Nunca había deseado

tanto a un hombre. Solo a él. Solo Sebasthian.

No se hace esperar e implacable me penetra una y otra vez y otra vez y otra vez…Hasta que vuelvo

a temblar indefensa ante él, culminándome. Me sigue lanzando un fuerte gruñido.

¡Carajo este hombre tiene unas baterías infinitas!

Me voltea y se abraza a mí. Nos quedamos los dos así bajo el agua durante un rato.

—Me he enamorado de ti, Clarissa. Te quiero—me susurra al oído aún con los ojos cerrados.

Estoy en shock.

Nadie nunca me había dicho eso en mi vida. A mis veintidós años, era la primera vez, que alguien

que no fuera mi amiga Cata (que quiere a Raymundo y todo el mundo) me dijera eso. Salgo de la

ducha sufriendo de un mutismo ensordecedor. El parece sincero, y más que eso, sé que lo es. Me

envuelvo en la toalla y me siento en la cama completamente ida. No sé ni por cuánto tiempo.

—¿Y mi ropa?—no puedo verle la cara.

—Le dejé tu bolso a Cata. No la necesitas ahora. Quiero que durmamos desnudos. Piel con piel.

—Ah.

— ¿Que sucede?

Va a sonar muy raro, si le digo que nadie me había dicho antes que me quería, casi como de

fenómeno de circo.

—Es que tengo frío.

—Si no te secaste cielo, casi saliste corriendo del baño—dice sonriente y saca otra toalla del

armario—. Vamos a secarte—me la coloca en la cabeza y me la frota enérgicamente.

Cuando hace esos gestos tiernos se me vuela la tapa de los sesos, ¿por qué tiene que ser así de

dulce?

Luego coloca la toalla sobre mis hombros y siento sus grandes manos apretándola para secarlos.

Es agradable.

—Tienes que secarte bien si no quieres resfriarte—ahora seca mis piernas y me mira satisfecho —.

¿Mejor?

—Sí—musito.

—¿Se te antoja comer algo? ¿O tomar un jugo?—niego con la cabeza—¿quieres descansar un

poco? Debes estar conmocionada por lo que pasó.

—Sí—musito de nuevo.

Curiosamente, los últimos minutos contigo me hicieron olvidar mi encuentro mortal.

Retira la colcha de su cama.

—Recuéstate.

Enciende una de las lámparas anexas a la cama. Apaga la luz principal y se acuesta conmigo de

cucharita, arropándonos. Su cálido cuerpo me envuelve y me dejo llevar por Morfeo.

Martes 20 de Enero

“Hambre de ti"

Decidí ir con Sebasthian al evento, me dice que no es nada formal. Bueno, puedo ser su

acompañante después de todo he ido a unos cuantos eventos con mi padrino. No será para tanto. Nos

detenemos en una plaza y en ella veo una tarima adornada con panfletos de su partido político, sobre

ella, una mesa larga envuelta en un mantel blanco y arriba varios micrófonos. No era para nada lo

que me esperaba. Sebasthian me mira y pareciera que está tratando de no reírse de mí. ¿Ahora qué

será lo que le divierte?

—Diputado Petroni lo acompaña la señorita…— pregunta un reportero cuando vamos llegando.

—La Dra. Clarissa Spillman...mi novia— Sebasthian dice, haciendo énfasis en las últimas dos

palabras.

¿Me ha presentado como su novia de nuevo? Pero esta vez para que se entere toda Venezuela. ¡Ay,

lo quiero matar! ¡Por Dios! Ahora voy a ser la comidilla de la gente. La novia del "chico malo de la

Asamblea".

¿Por qué coño hizo eso?

—¿Por qué dijiste eso?—digo entre dientes; no puedo evitar sentirme aterrorizada. Trato de

soltarme de su mano pero no me deja.

—Bebé, solo por hoy. Recuerda: expectativas. Solo expectativas.—susurra, me aprieta la mano y

luego la lleva a sus labios en una muestra pública de cariño. Los flashes de las cámaras me

enceguecen.

¡Cabrón!

A mi padrino no le va a gustar para nada la noticia.

Sebasthian me hace sentar al lado suyo y otros colegas de él—me imagino—se incorporan a

nuestro alrededor. Creo que en mi vida me había sentido tan intimidada e incómoda. Los reporteros

rapaces frente nosotros, apuntándonos con toda cantidad de cámaras, micrófonos de todos los

tamaños y formas; hambrientos por información y sacando todo tipo de conclusiones. A Sebasthian

se le ve muy cómodo y diría que hasta divertido. Toma mi mano y la lleva a su rodilla.

—Que comience el show, bebé—me susurra cerca de la oreja y deposita un beso casto justo ahí,

como si no hubiese nadie alrededor o le importara un comino. Me da cosquillas.

Inicia su parloteo un señor mayor que está del lado izquierdo de Sebasthian, con actitud

ceremoniosa:

—Nosotros, los representante del partido Un Nuevo Rumbo queremos hacer de dominio público

que apoyamos la candidatura de Sebasthian Petroni Agresti para la presidencia de la República...

¿Que qué? ¿Sebasthian Presidente ?... La cabeza me da vueltas.

—A pesar de ser el miembro más joven de la tolda blanca, ha demostrado en su trayectoria política

que es una persona tenaz y capacitada para llevar adelante esta gran nación, ahora inmersa, en el caos

y la corrupción. Solo una persona con su temple e inteligencia puede sacarnos de este oscurantismo y

llevarnos a un ¡nuevo rumbo...!—termina empuñando la mano por encima de su cabeza con gran

entusiasmo.

Así intervienen otros personajes políticos—que en realidad ni los conozco—no solo de la tolda

blanca sino de otras toldas, la azul y la amarilla apoyan su candidatura. Hablan maravillas de

Sebasthian y pestes de este actual gobierno (como los venezolanos a diario).

¿Sebasthian presidente? ¿Una persona tan joven puede ser presidente de este país? No tenía ni idea.

Argumentan de la preparación que ha tenido. Estudió Obras Públicas en una prestigiosa universidad

del exterior. Vaya. Bueno, el Gocho—Carlos Andrés Pérez—apenas cursó sexto grado y fue

presidente; creo que Sebasthian podría hacerlo mejor.

Sebasthian toma la palabra:

—Estoy muy agradecido por la confianza embestida en mí por mis colegas y seguidores y solo

puedo asegurarle al pueblo venezolano que no escatimaré en mis esfuerzos por garantizar el

bienestar de cada uno de los habitantes de esta bella nación. Muchos han dicho que soy un burgués,

pero la verdad es que nunca me he alejado de la realidad que vive el venezolano común…

¡Oh, mi Dios! ¿Podría verse más sexy? Se ve tan seguro de sí mismo, apasionado, inteligente,

carismático. Y esa sonrisa perfecta ¿de dónde la sacará? No puedo evitar comérmelo con los ojos.

Quisiera brincarle encima y comérmelo con la boca.

—…Yo soy el venezolano común. El venezolano que se para temprano a echarle ganas a este país

tan bello y que merece ser próspero. Por ello apostemos a un cambio. Apostemos a una nueva

estructura, una nueva dinámica que nos permita encaminar nuestro país en la dirección correcta.

Todos podemos ser el cambio— aplausos y vítores a nuestro alrededor.

¡Carajo, tiene mi voto!

Luego de la rueda de prensa Sebasthian me lleva de la mano a conocer a algunos de sus colegas y

hablan animadamente acerca del evento. Nos sacamos unas cuantas selfies y las sube en su cuenta en

twitter. Me explica que las redes sociales les permite acercarse más a la gente tener un trato más

próximo.

—Quizá, debería seguirte—bromeo sobre el twitter.

—A donde quieras cariño...—susurra sensual mientras aprieta más su brazo en mi cintura estrecha.

Cuando al fin nos montamos en el auto, él está concentrado enviando mensajes con el celular,

mientras que con la otra mano tiene tomada la mía sobre su pierna. En la tranquilidad del coche me

permito detallar su perfil. Qué bello es. Suspiro. Ese cabello le queda tan bien, un tanto revuelto,

dándole un aire de niño travieso, la nariz perfilada y esos labios maravillosos. Con esos labios

perfectamente capaces ha recorrido mi cuerpo arrancándome jadeos descontrolados. Aún absorto en

sus mensajes humedece sus labios y eso es el detonante de mi deseo contenido. Estoy encendida.

Desde que le vi dar ese discurso tengo ganas de brincarle encima y ahora que estamos relativamente

solos...

Ante su asombro me acomodo a horcajadas sobre él. Jadea y en eso le asalto la boca con mi lengua

invasiva, posesiva, mientras le abrazo con fuerza. Muerdo su labio inferior y continúo el asalto.

Tomo su cabeza como él suele hacerlo y lo muevo a mi antojo. ¡Qué rico sabe! no quiero parar.

Siento sus manos abiertas sobre mi trasero y debajo de mí, su erección. Nuestras respiraciones están

alteradas pero él no mueve sus manos, está muy quieto.

—Clarissa...— dice mientras mordisqueo su mentón. Su voz, aunque ronca, tiene un deje de

advertencia, pero estoy tan embriagada de deseo que continúo. Le entierro los dedos en su cabello y

lo hago callar con mi boca, mientras mis caderas empiezan a contonearse estrujándome contra su

duro miembro buscando algo de fricción.

¡Lo quiero dentro de mí, ahora!...

—Ahh—gimo.

El toma mis hombros y me separa de él.

—¡Clarissa, no!—abro los ojos—. Para ¡ya!—mueve la cabeza señalándome a López que está

conduciendo, ignorando estoicamente lo que sucede en la parte trasera del vehículo.

¡Oh, Dios! me había olvidado de él

—Lo siento—digo recuperando un poco de mi buen juicio pero me niego a bajarme de él.

Sonríe

—Entiendo. Pero hemos de tener cuidado, cielo—me acaricia el cabello con una mano.

—Es que...me encantó tu discurso—digo provocativa mientras jugueteo con mi índice sobre el

cuello de su camisa. Todavía quiero comérmelo. Me muerdo el labio, frustrada.

—Me encanta que te haya encantado. ¿Te parece si esperamos a llegar a casa? ¿Podrás aguantar?—levanta la ceja y reconozco esa sonrisita traviesa.

—Acaso te burlas de mí

—Ya te lo dije estoy encantado. He de llevarte a todos mis actos públicos.

Hablando de actos públicos...

—Y se puede saber por qué dijiste que soy tu novia—me aparto un poco para ver su rostro, que

como siempre, se muestra divertido por mi causa (no tenía ni idea de que era tan chistosa)—.

Nosotros no habíamos quedado en eso. Ahora voy a estar en primera plana gracias a ti. Pensé que

harías como con tus Barbies anónimas.

—Tú no eres como ellas. Además, Clarissa, si piensas que te voy a dejar la vía libre para que un

imbécil te saque a pasear, te equivocas. Eres mía. Y quiero que todos lo sepan. Así que acostúmbrate.

Me quedo boquiabierta, ahora soy de su propiedad.

—Y nada de escaparte, por ti iría hasta la Conchinchina—me río de su ocurrencia.

Se pone serio, sus ojos brillan.

—Es en serio, ¿sabes que te encontraría verdad, bebé?—susurra seductor mientras me aparta un

mechón de cabello

Trago saliva.

¿Por qué él es así? Soy el ratón con el que juguetea el gato antes de comérselo. Definitivamente,

me tiene agarrada por la cola...

****

Estamos en su apartamento. Sebasthian calienta unos platillos en el microondas, huelen muy bien.

Mientras, yo le observo sentada en uno de los banquillos de la encimera de la cocina. Tiene la camisa

azul clara con las mangas arremangadas y el jean negro. Se ve fabuloso. Me atrapa mientras le echo

una mirada lasciva. Sonríe pícaro.

—Sabes, me tienes intrigado Clarissa hasta ahora no me has dicho que esperas de mí, por lo

general las mujeres hablan de esas cosas—hace un gesto casual con su mano mientras coloca un plato

frente mí. Luego planta sus dos palmas en la encimera y se inclina hacia mí. Su mirada profunda de

nuevo en mi rostro—. Así que me gustaría saber ¿Qué quieres conmigo? ¿Cuáles son tus

expectativas?

¡Oh no! se va a poner de nuevo en plan de investigador.

—Bueno, no me he dedicado a pensarlo bien—ya me está entrando la ansiedad de nuevo. Se va

enojar mucho si le digo que estoy pasando el rato sin querer darle vueltas a eso que tenemos los dos.

—Vaya, es decepcionante oír eso... Así que no has pensado en mí... ¿Podría sentirme más ofendido

señorita?... Pero sabes, me gustaría una respuesta justo ahora—da pequeños golpecitos sobre la

encimera con su dedo índice, en señal de inmediatez—. Creo que ya me has tenido en ascuas bastante

rato—me observa detenidamente como si quisiera leerme la mente. Luego, sacude la cabeza divertido

—. ¿Qué tal un juego? tú me dices lo que no quieres conmigo y así por lo menos sabré a qué

atenerme—va en busca de su platillo y se sienta a mi lado.

Oh vaya

—¿Ahora me haces terapia? pareces tú el psicólogo—está muy rica la comida.

—Dime: ¿te gustaría que saliera con otras, como las llamas tú? ¿Barbies?—dice

despreocupadamente llevándose la comida a la boca.

De inmediato me cambia la cara. Entorno los ojos y presiono mis labios.

¡Que ni se le ocurra!

—Por tu cara, creo que no—ríe con ojos burlones—. Así que quieres una relación exclusiva. Me

alegra mucho, porque a mí no me gusta para nada compartirte señorita—. Entonces, te recomiendo

que me acompañes cuando te lo indique. Para un hombre soltero y carismático como yo es peligroso

ir a eventos públicos sin compañía. Sabes, las mujeres tienden a seguirte y son bastante insistentes...

Lo miro con la misma cara de palo anterior ¿qué pretende echándome en cara sus correrías?

Mastico de mala gana.

—Además, si apareces como mi novia me harías ver como un hombre decente— dice alegremente

llevándose otro bocado a la boca.

—Ah... ¿me utilizas para ganar votos?—suelto sin pensar.

¿Es por eso que insiste en presentarme como su novia para desmancillar su reputación?

Ríe.

—Si quieres verlo así—dice con la sonrisa ladeada—. La verdad es que me tienes muy liado

señorita Evasivas—bromea, pero no me causa gracia, mi mente sigue atada a la idea anterior.

—Oye, tómalo como una etiqueta más. No te mates la cabeza por eso Clarissa, por favor—me dice

bajito está preocupado—. Pero ya sabes: a todos los eventos conmigo ¿ok? Sin excusas. No quiero

que terminemos antes de empezar—comenta señalándome con el tenedor vacío.

Le miro y quisiera tener las respuestas. Pero no. Me sumerjo en el mar de su mirada azul. ¿Qué me

pasa contigo? ¿Qué has hecho de mí? Necesito mi diario. Tengo que escribir lo que siento así no me

atreva a mirarlo siquiera, es catártico. Me aterra la idea de hacer consciente esas emociones, de

adueñarme de mis anhelos. Mejor solo me dejo estar sin darle tantas vueltas, después de todo se siente

tan bien estar con él, sobre todo cuando no me tiene bajo su lupa.

—Gracias por la comida. Ahora vuelvo. Si me disculpas un momento.— me levanto dejando a

medias mi cena.

—¿Adónde vas?

A escribir en mi diario sobre ti.

—Al baño.

Cuando salgo de baño él está entrando al cuarto. Se fija en mi diario.

—¿Qué es eso?

—Anotaciones—lo guardo en el bolso. No quiero que se fije en él.

—¿Tuviste la urgencia de escribir sobre tus pacientes mientras comíamos?

Está extrañado.

Me encojo de hombros.

—Por cierto, estaba muy rica la comida ¿la hiciste tú? Que buen cocinero—le digo encantadora

mientras coloco mis manos en sus hombros. Me siento mejor después de desahogar mis dudas y le

deseo como loca.

—Aun así la dejaste—lleva mi cabello a mi espalda acariciándome los hombros—. Pero no. Fue

Camucha, Carmen, quien la hizo—sus manos en mi cintura. Sus ojos bajan a mi busto parcialmente

expuesto.

—¿Te gusta?

—Me encanta. Quisiera comérmelo.

—Soy yo la que quiero comerte—le susurro al oído inhalando su perfume.

—Soy todo tuyo preciosa—está encantado.

Le empujo suavemente a la cama y comienzo a desabrocharle la camisa. Se muerde el labio otra

vez para evitar reírse ¿ahora qué?

—¿Qué pasa?—ahora estoy desabrochando su cinturón.

—Eso es lo que te pregunto yo—me dice divertido mientras le quito sus zapatos y medias.

—Lo que pasa es que mi novio que me quiere es tremendamente bueno dando discursos—no tenía

idea de que era tan coqueta. Soy toda una lolita. Cata estaría orgullosa de mí.

— ¿Y eso te pone?

—Me parece que sí.

Popular Posts

Popular Posts

Popular Posts

Popular Posts

Translate

Blog Archive

Blog Archive

Featured Post

  ABSTRACT Doxorubicin (Dox) is a highly potent chemotherapy drug. Despite its efficacy, Dox's clinical application is limited due to it...